¿ EROTISMO o ENSAYO Y ERROR ?
En la primera parte de la novela, publicada en 1977, cuando el escritor era un hombre maduro, de 41 años, cuenta las relaciones entre un individuo misántropo, marcado por un trauma de la infancia (a su único hermano se lo comieron las ratas), Federico Tellez, y la mujer con la que se casa, Zoila Saravia. La conoce y escoge a través de una agencia matrimonial y establecen una relación de amo y sierva.
De la noche matrimonial de la pareja, Mario Vargas Llosa (MVLl) apunta acerca de los problemas de la primera relación sexual. Extractos: “La inexperiencia erótica de los cónyuges determinó que la consumación del matrimonio fuera lentísima, una serial en la que, entre amagos y fiascos, por precocidad, falta de puntería y extravío, los capítulos se sucedían, ... Paradójicamente, ... doña Zoila perdió primero la virginidad (no por vicio sino por estúpido azar y falta de entrenamiento de los novios), heterodoxa, vale decir sodomíticamente" (p. 174 ).
La experiencia frustrante queda reducida para el narrador al hecho físico y no atiende para nada los aspectos emocionales de la situación. Una serie de sucesos de gran riqueza afectiva en la vida de los actores y dramática en la clínica médica se resuelve con referencia a hechos puramente mecánicos.
Estos personajes aparecen entonces como seres robotizados, participantes de un intercambio en que lo que prima es el tiempo, el ensayo y error, la geometría, pero la experiencia humana no se vislumbra por algún lado.
En otro momento la novela toca el caso de una muchacha que luego de un trauma, queda embarazada de su hermano y da lugar a que el joven con quien aquella se iba a casar la abrume con su rechazo. A raíz de este suceso la muchacha adopta un comportamiento masculino (juega fútbol con habilidad y se confunde con los hombres) (ps. 337 y sigs.). Da la impresión que se tratara de un cambio de identidad sexual, aunque no describe el caso lo suficientemente para presumir un diagnóstico médico.
Aparte de la mayor rareza, de un cambio mujer-hombre comparado con hombre-mujer, es seguro que no puede haber un cuadro de modificación de rol genérico en esas circunstancias, tal como lo presenta el novelista.
Podría ser un recurso para la ficción aunque sospechamos que más parece merma de instrucción o una manera ligera de administrar lo erótico. El drama de origen puede ser usual: incesto y rechazo del amante; no así la reversión de la identidad, y en todo caso el escritor tampoco es un cronista policial.
INTIMIDAD DE LA PAREJA
Lo más interesante, resulta sin embargo, la confesión autobiográfica de la relación amorosa con la tía Julia. Asistimos a una descripción de las peripecias que pasan los enamorados, rica en detalles, pero huérfana de intercambio personal conflicto real o poesía (ps. 149 y sgtes.). Aunque alguna vez se ocupa, es cierto, de las incidencias afectivas de la relación entre los enamorados: dudas, celos, cálculos, contactos físicos tiernos y extremos psicológicos, entre la tía Julia y el protagonista, Mario (Caps. VII y IX).
Luego sorprende con la descripción de las caricias íntimas con su futura esposa el día antes de casarse, cuando él y la novia esperaban en el cuarto de un hotel. MVLl tenía 40 años y era ya un famoso escritor. Su imprudencia sólo se puede explicar por el deseo de impactar al lector, ya que no agrega nada al relato, o acaso un intento de respuesta a la visión inicial que tuvo de la sexualidad: primacía de la fisiología y descuido de la persona.
Encontramos párrafos inusitados, por tratarse de personajes que se amaron realmente: “… mientras bailábamos mis labios se hundían con morosidad en su cuello, mi lengua entraba a su boca y sorbía su saliva, la estrechaba con fuerza para sentir sus pechos, su vientre y sus muslos, y luego, en la mesa, al amparo de las sombras, le acaricié las piernas y los senos” (p.239 ) y “Medio ciego de felicidad y de deseo, acaricié el cuerpo de la tía Julia con manos inexpertas y ávidas, primero sobre la ropa, luego desabotoné su blusa color ladrillo, ya arrugada, estaba besándole los senos, cuando unos nudillos inoportunos estremecieron la puerta” ( p. 363 ).
DESAZON EVIDENTE
Pero la que fue su esposa, protagonista involuntaria del acceso público a estos pasajes, la Sra. Julia Urquidi Illanes, en el libro “Lo que Varguitas no dijo”, 1983, hace amargas reminiscencias de la vida con el escritor y declara, respecto al aspecto más personal de su relación: “Me hizo mucho daño y me dio mucha cólera que Mario en particular escribiera sobre nuestra íntima y adelantada noche de bodas.
Pensé que era muy nuestro, que nadie tenía por qué saberlo, no es que me avergonzara, ni mucho menos, no, nada de eso, el amor no es una vergüenza, pero sí el respeto a uno mismo y a lo que se amó” (p. 294).
Por demás, en carta del 15 de julio de 1977 que la Sra. Urquidi, dice que Vargas Llosa le envió, este habría declarado :”Muchas veces, en estos años, mientras escribía o corregía la novela, tuve la tentación de escribirte, para comunicarte lo que estaba haciendo, pedirte autorización, para hacer algo que es sin duda, en cierta forma, una profanación a la intimidad...Pero no lo hice por una profunda cobardía , pues ¿ qué hubiera hecho si tomabas a mal la idea y me pedías que no perseverara en ella ? Estaba ya demasiado avanzado el libro...” (p. 292).
EPILOGO
En resumen, en esta novela, propia de la edad madura del escritor, se mantiene en lo que toca a la sexualidad una disposición para desarrollar la vertiente biológica en desmedro de la humana y valorativa.
En los años posteriores MVLl, en relatos, ensayos, entrevistas y declaraciones, continuó impertérrito con un acercamiento al sexo de carácter fisiológico hormonal, muy poco erótico y sin explorar en profundidad la experiencia amorosa.