Este señala que deberá acudirse a una evaluación especializada para conocer la condición de los candidatos, pero que esta no reemplaza a la decisión informada de los obispos o autoridades de los seminarios, en el propósito de prevenir el ingreso de estas personas, pero también de ayudarlas. Dice que el rango entre lo estable y lo pasajero es tan grande “ como el número de casos individuales” y que incluso lo primero puede ser superado por medio del tratamiento. Sin embargo, aconseja que si hay dudas acerca de las condiciones del postulante, este no debería ser admitido a un seminario. Distingue la madurez religiosa de la psicoafectiva, afirmando que la última sería más difícil de normalizar que la primera. El padre Ghirlanda toca un aspecto central de la salud del sacerdote, la madurez emocional, que siendo realmente clave es asunto igualmente bastante complicado.
ALGUNOS COMENTARIOS
Vamos enseguida a comentar algunas de las declaraciones mencionadas, adelantando que más son las preguntas que las respuestas con las que se puede contar con seguridad al día de hoy. 1. Empecemos diciendo que hizo bien el Vaticano en atender a los problemas de homosexualidad de los candidatos al sacerdocio, con la salvedad que la condición no es inmoral por sí misma sino cuestionable por sus manifestaciones patológicas y la comorbilidad que la acompaña.
2.La distinción entre homosexualidad “profundamente asentada” y aquella calificada de “sólo tendencias”, debería descansar en un juicio clínico global sobre la biografía y personalidad del individuo en cuestión y no asentarse en a un dato sexual en sí mismo.
3.La idea de que es posible superar, con un tratamiento bien llevado, la homosexualidad bien establecida, es compatible con la ciencia sexual y así mismo con la antropología cristiana.
4.El tiempo de tres años sin problemas, que se ha considerado apropiado para acceder a la postulación, no creemos sea un buen indicador y preferíamos atenernos mejor a la comprobación de la recomposición de la estructura de la personalidad y la manera en que ha enfrentado situaciones que puedan disparar los impulsos desviados.
5.Creemos que la opinión especializada para definir la situación a aclarar es comprendida en el real lugar que le corresponde, ya que no podría estar por encima de otras valoraciones de carácter trascendente.
6.Finalmente, diremos que no corresponde a la realidad clínica pensar que el número de conductas homosexuales sería tan grande “como el número de casos”, pues existen caracterizaciones que pueden reducirlas a unos cuantos sindromes.
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