Presenta una visión refinada del amor, que comienza hablando de su evanescencia: “Nuestra pareja tiene cuerpo, rostro y nombre pero su realidad real, precisamente en el momento más intenso del abrazo, se dispersa en una cascada de sensaciones que, a su vez, se disipan ( p. 9 )” y comparando al amor con la poesía , comenta “ El erotismo es sexualidad transfigurada: metáfora. El agente que mueve lo mismo al acto erótico que al poético es la imaginación. Es la potencia que transfigura al sexo en ceremonia y rito, al lenguaje en ritmo y metáfora ( p. 10 ) “.
Luego en el proceso de las distinciones, que más nos interesarán en este capítulo, entre sexo, erotismo y amor : “ El erotismo y el amor son formas derivadas del instinto sexual: cristalizaciones, sublimaciones, perversiones y condensaciones que transforman a la sexualidad... ( p. 13 ) y “La primera nota que diferencia al erotismo de la sexualidad es la infinita variedad de formas en que se manifiesta, en todas las épocas y en todas las tierras. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo. El protagonista del acto erótico es el sexo o, mas exactamente, los sexos ( p. 15 ).
Aludiendo enseguida a la normatividad del instinto aclara : “ En todas las sociedades hay un conjunto de prohibiciones y tabúes - también de estímulos e incentivos - destinados a regular y controlar al instinto sexual. Esas reglas sirven al mismo tiempo a la sociedad ( cultura ) y a la reproducción (naturaleza). Sin esas reglas la familia se desintegraría y con ella la sociedad entera. Sometidos a la perenne descarga eléctrica del sexo, los hombres han inventado un pararrayos: el erotismo ( p. 17 )”. Pero Paz va más alla y contradiciendo luego la idea platónica de un erotismo que en su evolución se desprende del sexo nos propone que, “ ... : el erotismo, que es sexualidad transfigurada por la imaginación humana [ y por eso parte natural del ser humano en todas las épocas ], no desaparece en ningún caso. Cambia se transforma continuamente y, no obstante, nunca deja de ser lo que es originalmente: impulso sexual ( p. 24 ) “
Continuando su sagaz distinción, Paz toca la indidualidad del afecto de pareja afirmando que en la superación del erotismo, “ No, no es lo mismo con éste o con aquel. Y ésta es la línea que señala la frontera entre el amor y el erotismo. El amor es una atracción hacia una persona única: a un cuerpo y a una alma. El amor es elección; el erotismo, aceptación. Sin erotismo - sin forma visible que entra por los sentidos - no hay amor pero el amor traspasa al cuerpo deseado y busca al alma en el cuerpo y, en el alma, al cuerpo. A la persona entera ( p. 33 ) “.
Asumiendo luego la universalidad del sentimiento amoroso, que no distingue personas ni condición cultural afirma, pero nuevamente también, la centralidad de la personalidad : “El sentimiento amoroso es una excepción dentro de esa gran excepción que es el erotismo frente a la sexualidad. Pero es una excepción que aparece en todas las sociedades y en todas las épocas. No hay pueblo ni civilización que no posea poemas, canciones, leyendas o cuentos en los que la anécdota o el argumento - el mito, en el sentido original de la palabra - no sea el encuentro de dos personas, su atracción mutua y los trabajos y penalidades que deben afrontar para unirse.
La idea del encuentro exige, a su vez, dos condiciones contradictorias: la atracción que experimentan los amantes es involuntaria, nace de un magnetismo secreto y todopoderoso; al mismo tiempo, es una elección. Predestinación y elección, los poderes objetivos y los subjetivos, el destino y la libertad, se cruzan en el amor. El territorio del amor es un espacio imantado por el encuentro de dos personas ( pgs. 33 y 34 ) “.
El pensador mejicano termina con una síntesis magistral , que artícula su pensamiento sobre el amor : “La imagen de los círculos concéntricos, evocada al comenzar estas páginas, regresa: el sexo es la raíz, el erotismo es el tallo y el amor la flor. ¿Y el fruto? los frutos del amor son intangibles. Este es uno de sus enigmas ( p. 37 )” .
Paz discurre además entre las coincidencias entre erotismo y poesía y encuentra equivalencia entre lo dicho en la literatura y la filosofía cuando se trata del amor. Pone como ejemplo lo que para él habría sido el primer gran poema de amor, “ La hechicera”, de Teócrito : “ Es la primera vez que en la literatura aparece - y descrito con tal violencia y energía - uno de los grandes misterios humanos: la mezcla inextricable de odio y amor, despecho y deseo ( p. 52 )”, citando además a otro poeta de la antigüedad , de Alejandría : “ En Catulo aparecen tres elementos del amor moderno: la elección, la libertad de los amantes; el desafío, el amor es una transgresión; finalmente, los celos ( p. 57 )”.
Aunque toca varias veces las facetas evolutivas de la vivencia amorosa, comenta con modestia: “Dejo al historiador la inmensa tarea, más allá de mis fuerzas y de mi capacidad, de narrar la historia del amor y de sus metamorfosis; al sabio, una labor igualmente inmensa: la clasificación de las variantes físicas y psicológicas de esta pasión. Mi intención ha sido mucho más modesta( pg. 105 )”
Resulta mandatorio poner atención a la percepción de Paz de su visión del amor al término del siglo XX , la que es muy pesimista. Al referirse a los estudios sobre la “salud histórica y moral de nuestras sociedades..”, declara : “ Sin embargo, en ninguno de ellos - salvo unas cuantas excepciones que pueden contarse con los dedos - aparece la más ligera reflexión sobre la historia del amor en Occidente y sobre su situación actual. Me refiero a libros y estudios sobre el amor propiamente dicho, no a toda esa abundante literatura acerca de la sexualidad humana, su historia y sus anomalías [ acá Paz escinde sin percatarse la unidad del amor erótiico ] . Sobre estos temas la bibliografía es muy rica y va del ensayo al tratado de higiene. Pero el amor es otra cosa. Omisión que dice mucho sobre el temple de nuestra época ( p. 133 )”. Agrega : “En el pasado había sido frecuente la fusión entre erotismo y religión: el tantrismo, el taoísmo, los gnósticos; en nuestra época la política absorbe al erotismo y lo transforma: ya no es una pasión sino un derecho” y “El gran ausente de la revuelta erótica de este fin de siglo ha sido el amor ( p. 153 )” y “Otra, la licencia sexual, la moral permisiva: ha degradado a Eros, ha corrompido a la imaginación humana, ha resecado las sensibilidades y ha hecho de la libertad sexual la máscara de la esclavitud de los cuerpos (p. 160 )”.