“El volumen lleva por título "Opus Dei, una mirada objetiva detrás de los mitos y la realidad de la fuerza más controvertida en la Iglesia Católica" .
Por primera vez, un periodista norteamericana ha podido adentrarse en los entresijos de esta organización. John L. Allen, vaticanista, ha dedicado un año a entrevistar a personas del Opus Dei en Italia, España, Kenia, Estados Unidos, Perú y otros países. El periodista ha hablado también con antiguos miembros del Opus Dei. El resultado son cuatrocientas páginas en las que este corresponsal en el Vaticano, que también colabora con los canales de televisión BBC y CNN, dibuja un cuadro general del Opus Dei.
Los temas tratados van desde la separación entre hombres y mujeres hasta el uso del cilicio o las finanzas de la organización.
-- Entonces, el Opus Dei no es tan malo como parecía, constata usted. ¿Es esta la idea general de su libro?
-- Allen: El objetivo es ser tan objetivo como sea posible en un tema que realmente no se caracteriza por una discusión objetiva. La idea es separar los hechos de la ficción, ofreciendo las herramientas para que tenga lugar una discusión racional, que se base en los hechos y en la realidad, y no en los mitos o los estereotipos.
No era mi intención "convertir" a los lectores a cualquier posición particular sobre el Opus Dei, y mi experiencia es que la mayoría de las personas que han leído el libro siguen sin haber cambiado sus impresiones fundamentales, pero quizá se sienten un poco mas informadas, y menos alarmadas.
Por otro lado, dado que el Opus Dei tiene una imagen muy negativa en algunos sectores, cualquier comparación seria de esa imagen con la realidad hará que el grupo inevitablemente parezca más humano, menos nefasto de lo que algunos creían previamente.
Por hablar de números, el Opus Dei tiene en el mundo 85 mil miembros, es decir, aproximadamente el número de fieles de la diócesis de Hobart, en la isla de Tasmania, Australia. El grupo también cuenta con 164 mil "cooperadores", gente que apoya, en su mayoría mujeres.
Fuera de España, donde nació el Opus Dei en 1928, representa un diminuto -- casi invisible-- fragmento de la comunidad católica; en los Estados Unidos por ejemplo, hay tres mil miembros aproximadamente en una población católica total de 67 millones.
Los activos totales del Opus Dei - es decir, el valor físico de todos los recursos registrados como "obras corporativas" del Opus Dei - rondan en torno a los 2,800 millones de dólares estadounidenses.
Si sirve de comparación, la General Motors en el año 2003 declaró activos equivalentes a 455 mil millones de dólares. Incluso para el estándar católico, los activos del Opus Dei no son demasiado impresionantes. En 2003, la archidiócesis de Chicago declaró 2.500 millones de dólares. Los Caballeros de Colón, organización de laicos católicos en Estados Unidos, gestionan un programa de seguros que por si solo está valorado en 6 mil millones de dólares.
En cuanto al poder, el Opus Dei no tiene más que unos 40 de los más de 4.500 obispos católicos del mundo, incluyendo dos cardenales, y unos 20 de los 2.500 empleados en la Curia romana, con un solo jefe de dicasterio vaticano.
-- El dinero, el poder, la mortificación, el "Octopusdei"... la mayor parte de su libro intenta "purificar" el misterio alrededor del Opus Dei. ¿Piensa que lo ha logrado?.
--Allen: Yo no soy tan ingenuo para creer que los prejuicios y teorías de conspiración que se han formado en setenta años van a derrumbarse de la noche a la mañana con este libro. Lo que espero, sin embargo, es que la verdadera información proporcionada en el libro, en buena parte publicada por primera vez, represente un punto de partida para la discusión futura.
Hay un debate legítimo que debe ser tenido en cuenta sobre algunos aspectos de la cultura interna y sobre la vida práctica del Opus Dei, y según mi experiencia esa cuestión se está debatiendo, en primer lugar, dentro del propio Opus Dei.
La pregunta de cómo el Opus Dei podría hacerse mas transparente sin comprometer su propia identidad, por ejemplo, es un punto sumamente razonable para afrontar. El Opus Dei debe comprender cada vez mejor que no sólo tiene una responsabilidad ante sí mismo y ante la memoria de san Josemaría Escrivá, sino más ampliamente ante la Iglesia Católica, y por lo tanto debería hacer lo posible para responder a preguntas y dudas legítimas.
Al mismo tiempo, el Opus Dei también ha sido un imán para algunas de las acusaciones y especulaciones mas salvajes a lo largo de los años, y espero que el libro ayude a aclarar esas tergiversaciones para que tenga lugar una discusión mas productiva.
-- Al leer su libro, resulta que el Opus Dei no tiene tanto poder ni influencia como parece. ¿Por qué entonces esta controversia y el aura misteriosa que se ha creado a su alrededor?.
-- Allen: Para mí, esta es la grande y única pregunta sobre el Opus Dei: ¿Qué hizo este grupo relativamente pequeño, con una riqueza e influencia modestas, para convertirse en el coco de la imaginación católica? Yo pienso que la respuesta es compleja y se basa al menos en cuatro factores:
1) El Opus Dei creció en la España franquista, con lo cual se le ha asociado durante mucho tiempo al fascismo español;
2) El Opus Dei y los Jesuitas entablaron una feroz "guerra de frontera" por las vocaciones jóvenes en España en los años treinta, generando una rivalidad que ha perseguido al Opus Dei dondequiera que vaya, a causa de la extensa red mundial de los Jesuitas;
3) Tras el Concilio Vaticano II, el Opus Dei se convirtió en un símbolo de los forcejeos mas amplios dentro del catolicismo entre la izquierda y la derecha:
4) En la era de Juan Pablo II, el Opus Dei recibió un favor papal considerable, generando envidia en algunos sectores y la oposición ideológica en otros términos, el Opus Dei representa un tipo de "tormenta perfecta”, en la que una combinación de factores históricos y políticos chocó para que se atribuyera a este grupo un status mítico que no se justifica por su perfil sociológico real.
-- Usted piensa que personalmente no encaja en la estructura del Opus Dei: ¿se ha percatado ahora después de su investigación, o ya lo sabía?.
-- Allen: Como periodista, por una cuestión de principios, no formo parte de grupos dentro de la Iglesia, porque necesito conservar mi imparcialidad.
Por esa razón, nunca me he planteado seriamente la cuestión de mi adhesión al Opus Dei o a cualquier otro grupo. Las mas de trescientas horas de entrevistas y viajes a ocho países que he realizado para redactar este libro me han dejado claro que, si decidiera pasar a formar parte de un grupo católico, ciertamente éste no sería el Opus Dei.
No se trata de falta de respeto o de que tenga miedo del Opus Dei; al contrario, he acabado admirando a la mayoría de las personas que he encontrado en el Opus Dei, y en general me pareció que su compañía era altamente estimulante y agradable. Sin embargo hay un "programa diario de vida" para los miembros del Opus Dei, y una serie de expectativas sobre la asistencia a acontecimientos etc. que me parecería agobiante.
Yo soy un clásico "hijo único", en el sentido de que me gusta controlar mi tiempo y mi espacio. No me gusta que nadie me ponga horarios, o que me diga cuando tengo que rezar, o como.
Permítame ser claro: esta es una cuestión de gusto personal. Admiro el compromiso que veo en los miembros del Opus Dei, y mi percepción es que la mayoría están sumamente satisfechos con sus experiencias.
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Por su lado el responsable de la relación con periodistas internacionales del Opus Dei en Roma, Marc Carroggio, reconoce que " ’está satisfecho’ " por el libro que el periodista vaticanista John L. Allen acaba de publicar.
Comenta que este es el primer libro que compara desapasionadamente los ‘mitos’ sobre la Obra (nombre con el que se conoce el Opus Dei) y la realidad.
El libro es un reportaje periodístico y el autor ha comprendido bien la naturaleza del Opus Dei’.
En esta entrevista Marc Carroggio desvela la motivación principal de los miembros del Opus Dei: ‘seguir un ideal espiritual que nos entusiasma’ y más allá del mito que envuelve a esta organización constata: "somos gente de carne y hueso, con errores y aciertos’.
Las comparaciones son odiosas, pero no puedo dejar de señalar que el autor del Código Da Vinci no ha estado nunca en un centro del Opus Dei, y que yo sepa no ha hablado nunca con una persona del Opus Dei. El retrato que pinta de la Obra en el Código existe sólo en su imaginación. Pienso que el trabajo de Allen puede servir para que muchos lectores de esa novela, que no conocen el Opus Dei de primera mano, se den cuenta de que no somos ‘ni ángeles ni demonios’.
Pienso que el autor ha comprendido bien el Opus Dei, la naturaleza de su mensaje, las razones de sus propuestas, la forma de vida de sus fieles; nuestros ideales y también nuestras limitaciones.
Este libro es un reportaje periodístico, no una tesis de teología ni un tratado de historia de la Iglesia. Su enfoque es mas bien sociológico, aunque presta gran atención a la dimensión espiritual. El propio autor subraya que su propósito no es explicar de modo exhaustivo el Opus Dei, sino comparar los mitos con la realidad.
En consecuencia, dedica mucho espacio a asuntos que son relativamente secundarios que representa pertenecer al Opus Dei, pero que han sido objeto de atención de los medios de comunicación, sobre todo en Estados Unidos.
En ese sentido, cabría decir mucho más sobre la experiencia espiritual que representa pertenecer al Opus Dei y sobre la motivación profunda que lleva a seguir este camino de búsqueda de la santidad en medio del mundo: la conciencia de la propia vocación cristiana, el deseo de imitar a Jesucristo precisamente en el trabajo, la familia y la vida ordinaria. En una institución de la Iglesia, los aspectos personales, existenciales, son más importantes que los esquemas organizativos o las cuestiones de imagen.
Para su investigación, Allen, ha entrevistado a antiguos miembros de la Obra. ¿ Le
parece que ha dado demasiado espacio a estos testimonios ?
Pero cuando se trata de una persona que tiene una experiencia negativa, la cuestión cambia. Ante una herida, un dolor, un mal recuerdo, no cabe un desmentido. Ya no estamos ante un problema sólo de verdades y mentiras. Ante una experiencia negativa, es preciso expresar respeto, compartir el dolor, aunque a veces no se comparta la interpretación de los hechos.
Por eso, la inmensa mayoría de los hombres y mujeres que se acercan a los centros de la Obra guardan afecto de por vida. Pero no siempre es así, y no me parece negativo, al contrario, que un libro con el de John L. Allen se haga eco de esos que considero excepcionales”.