El concepto de (OS ) tiene repercusiones en diversos ámbitos de la conducta humana y en el quehacer de varias disciplinas , entre otras la medicina y el derecho, nacional e internacional, tanto en la teoría como en la práctica.
En el área de la medicina es una idea que exige ser definida para fines clínicos, epidemiológicos, programas de salud y de investigación. En el campo del derecho, por necesidades de normatividad legal y para fundamentar sin equívocos la doctrina de los pretendidos nuevos derechos sexuales.
En el ámbito de la salud, la OS ha enfrentado variados problemas de definición y metodológicos, que al no encontrar todavía solución, han sido dejados de lado discretamente, y en el del derecho se le usa sin mucho interés por precisar su significado. Sin embargo en el lenguaje común es frecuente su uso, admitiendo, aunque sin declararlo abiertamente, una equiparidad entre OS y vínculos eróticos entre personas del mismo sexo.
Vamos a tratar esta materia en dos partes. En el presente artículo pasamos revista al estado actual de la conceptualización del término OS en el campo médico, la historia de su evolución, importancia, investigación desarrollada, problemas encontrados y metodología de evaluación. En una segunda parte trataremos el debate surgido a propósito de las propuestas contra la no discriminación y la controversia alrededor de los derechos humanos en el Perú y en el mundo.
HISTORIA
De acuerdo a Sell, 1997, desde el siglo XV en textos religiosos de occidente se puede hallar intentos por identificar la OS, aunque el concepto en sí mismo se daba por sentado. El mismo autor, hace una breve referencia histórica de las aspiraciones por definir la OS que han ido apareciendo a través de los años. Una
de las primeras habría sido la de Ulrichs en 1860, que sólo comprendió a los varones y consignó tres categorías , que se corresponden con los términos usados hoy en día : héterosexual, homosexual y bisexual. Posteriormente Maine en 1908, seguidor de Ulrichs, presentó una definición de la homosexualidad ( ésta y la OS se han tenido clásicamente como términos intercambiables ) circunscrita a la experiencia psicológica y el año 1896 Ellis y Krafft-Ebing también pusieron de relieve la misma dimensión psicológica. Estas ideas y otras más ofrecidas en los primeros tiempos, omitieron por lo general cualquier referencia a la conducta sexual.
En las últimas décadas las definiciones de la OS resultan más abarcativas e incluyen las áreas psicológica y conductual, por ejemplo las de LeVay (1991) y Wenrich, 1994. Diamond, 2003 a, comenta que la definición de homosexualidad, que goza de mayor aceptación, se refiere a la conducta sexual explícita entre dos individuos del mismo sexo, comprendiendo la excitación sexual que concluye en la satisfacción del impulso.; y para la OS prefiere la idea del deseo sexual dirigido a individuos del mismo, el otro o ambos sexos, Diamond, 2003 b. El mismo Sell, 1997, piensa en una definición de la OS que comprenda dos componentes, psicológico y conductual , pero reconoce que ambos tienen significativas variaciones. Asi, el psicológico puede incluir términos como : “pasión sexual”, “urgencia sexual”, “sentimientos sexuales”, “atracción sexual”, “interés sexual”, “excitación sexual”, “deseo sexual”, “preferencia afectiva”, “instinto sexual”, “identidad de la orientación sexual” y “preferencia sexual”. Cada uno de éstos puede tener una connotación, dice Sell, distinta y no necesariamente referirse al mismo fenómeno. De igual modo, el componente conductual puede variar entre las definiciones ofrecidas y entenderse como “conducta sexual”, “actividad genital”, “contacto sexual” y “contacto sexual que lleva al orgasmo”.
Serían pues los estudiosos de la sexualidad del siglo XX los que toman mayor interés por definir la OS, tanto por razones médicas como sociales, Gonsiorek, 199). Las primeras, según este autor, por la aparición de inciativas de subvaluación de la prevalencia de la homosexualidad y también la sobreestimación de la infección por VIH en la población homosexual; las segundas, básicamente, la oposición a los llamados derechos de homosexuales y lesbianas. A la par habría influido , desde las ciencias sociales, el auge de la teoría sexual del construccionismo social y la pretensión de que la OS sea una dimensión estable de la personalidad.
Kinnish y cols.,2005, aportan también explicaciones parecidas acerca del nuevo interés puesto en precisar la noción de OS, atribuyéndolo a la reciente discusión sobre la realidad de la estabilidad o no de la orientación sexual. Al comienzo la hipótesis de la estabilidad, se habría apoyado en el aparente poco éxito de la “terapia de conversión”, la posible continuidad entre la conducta sexual atípica en la infancia y la homosexualidad en la vida adulta y los estudios que propusieron una etiología biológica para la atracción sexual. Al contrario, las ideas a favor de una OS cambiante vienen basándose en observaciones cualitativas de individuos que han experimentado transición de su OS después de largos períodos de vida homo u héterosexual. Adicionalmente habría que considerar la conocida “homosexualidad situacional” de las prisiones y algunas descripciones clínicas de personas bisexuales que parecieran alternar períodos de exclusiva homosexualidad con otros de héterosexualidad.
IMPORTANCIA
Está demás resaltar la importancia, para una disciplina científica como la medicina, de contar con definiciones que eventualmente puedan operativizarse, para variados propósitos: intercambio científico, terapeútico, etc. En la historia reciente de la salud pública, a propósito de los programas de prevención del VIH/SIDA , se ha podido constatar los inconvenientes surgidos a consecuencia de la imprecisión del concepto de OS. Acuñar un nuevo término fue la aparente solución para la cuantificación de este problema : “hombres que tienen sexo con hombres “, HSH. Esta denominación habría emergido para describir en general las relaciones sexuales entre individuos del mismo sexo, en este caso hombres, y evitar la estigmatización de las personas homosexuales al asociarlas con el VIH/SIDA, Foreman, 2002. Pero, al hacerlo, fueron obviados factores fundamentales para entender la expansión de la infección. Nos referimos a las circunstancias en que ocurre el contagio, las diversas desviaciones de la atracción sexual y la importancia de la identificación con la que se reconocen las mismas personas a las que van dririgidas las acciones de salud.
HSH data según parece de mitad de los 90s y Young y Meyer, 2005 a, observan que se ha extendido, desde su aplicación en los trabajos en torno al HIV a su uso corriente cuando se trata de las” minorías sexuales". Explica las razones que concurrieron a generalizar su uso: por un lado, necesidades de carácter epidemiológico y, del otro, argumentos provenientes de la doctrina del construccionismo social, mencionada líneas arriba. El enfoque epidemiológico habría tenido la intención explícita de evitar los complejos significados sociales y culturales de la sexualidad y atenerse mejor a una visión estrictamente biomédica. En otras palabras, preferir la conducta y no la identidad como el factor de riesgo para la infección. El construccionismo radical, afirmando que las "sexualidades" son producto de las condiciones sociales y su rechazo a las categorías, se opuso como era previsible al término "identidad sexual" y tampoco reconoció la normal relación entre identidad, conducta y deseo sexuales, Flores, 2005.
Los problemas advertidos por Young y Meyer han sido confirmados por algunos comentaristas de su trabajo. Khan y Khan, 2006, con su experiencia en el sudeste de Asia; Prathela, 2006, que encuentra discordancia entre el declararse del “grupo” HSH y su identidad sexual; Ford, 2006, quien duda de la posibilidad de implementar sus recomendaciones. En su réplica, estos autores, 2006 b, declaran estar de acuerdo con las observaciones anteriores, pero insisten en lo principal de su mensaje : el uso del término HSH y por supuesto el de MSM ( mujeres que tienen sexo con mujeres ), descuida otros aspectos relevantes de la sexualidad, incluída, aunque no circunscrita, la identidad sexual.
Pese a lo dicho, todavía algunos insisten en afirmar que HSH constituye una terminología muy clara para describir la identidad, personalidad y actividad sexual de los hombres que tiene relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. No toman en cuenta que estas siglas incluyen en un todo homogéneo - que no es el caso - a homosexuales, gay, bisexuales, travestis , transgéneros y otros HSH. Sin contar pero poniendo atención a la terminología popular, carente de sustento científico, aparecida a partir de los 90: “transmujer”, “ginefilia”, “zoosexualidad”, “pansexualidad”, “héteroflexible”, etc. Realmente el mensaje contenido en HSH es claramente equivocado porque nos dice que hay un grupo humano con características semejantes , es decir una supuesta comunidad conformada por HSH. Asistimos entonces a la creación de una identidad fantasma y ya se ha dicho que error semejante habrían cometido antes los gay consigo mismos. En pocas palabras : HSH no está solventada por una identidad sexual explícita; tampoco es una descripción inclusiva , ni representa a una categoría de personas dentro de la población.
Además, un enfoque meramente conductual, reflejado en la abreviatura que comentamos, no promueve un entendimiento integral de la sexualidad, mas aún encierra riesgos en tanto debilita la identidad sexual incorporada por la misma minoría sexual; aparta la vista de la dimensión social de la sexualidad y enturbia elementos de la propia conducta , importantes para la salud pública. Por ejemplo, hombres homosexuales y bisexuales se conducen eróticamente de diferente modo y entonces HSH no los describe adecuadamente. El máximo reduccionismo ha sido advertido cuando la prevención del VIH y el condón vienen casi a ser lo mismo, y sexo anal y condón parecen, a la percepción del público, significados intercambiables.
En el caso de las mujeres, el uso de la denominación, MSM, no sería una designación neutral respecto a su condición sexual, si no mas bien una negación de la identidad de un sector, aunque pequeño, de la población , despojándolo de una red social y las relaciones que le brindan soporte. Se pierde de esa manera información, valores y normas culturales que deberían tenerse en cuenta en los programas.
INVESTIGACION
La literatura científica sobre la OS es bastante escasa sin embargo las pocas publicaciones que tocan el tema son muy sugestivas. Un caso ejemplar es el artículo sobre su medición, en encuestas de salud aplicadas a adolescentes, de Saewyc y cols.,2004. Este autor en su trabajo sólo puede citar el conocido artículo de Sonsiorek de 1995 ; otro de 1996 y uno más de la página web de la asociación de gay, lesbianas y transgéneros, del 2003. Por eso, los trabajos científicos más conocidos y recientes, cuando deben tratar la OS, evitan definirla. Le ocurre al psicólogo holandés Sandfort, 2005, quien más ha contribuído al conocimiento de la comorbilidad en la homosexualidad, cuando examina la identidad y orientación sexuales.
Asi mismo las publicaciones que se refieren a la OS usualmente difieren en sus planteamientos teóricos y cuando los operacionalizan tampoco coinciden. No faltan incluso trabajos como el de Skegg y cols., 2003 quien estudia la relación sobre lesiones autoinflingidas en hombres y mujeres y OS, en el que hace suyo el criterio de la atracción sexual más que el de la conducta.
Desde otro ángulo, en la terapia de la homosexualidad, Throckmorton, 1998, que está a favor, y Hadelman, 1994, que está en contra, coinciden en la idea de que la OS no está bien definida y aun dudan que sea un “concepto válido”. Previamente, Gonsiorek, 1995, precedido por Birk (citado por Throckmorton, 1998) dudaba de que la homosexualidad fuera un concepto unitario y pensaba que mas bien habría “muchas y diferentes homosexualidades” que harían casi imposible su caracterización. Estos autores no han hecho sino adelantarse a la aparición de nuevas formas de conducta homosexual como la del “macho gay”. Confirma lo que venimos diciendo, el informe de Sell, 2001, encargado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno de los Estados Unidos, para proponer medidas que contribuyan a atender la salud de la población con problemas sexuales en el programa “Personas Sanas 2010”. Sell, significativamente, cree que antes conviene desarrollar un conjunto de principios que sirva de guía para poder procesar y seleccionar definiciones y mediciones estandarizadas de la OS.
También es posible encontrar investigadores con estudios de laboratorio que participan de una definición sin suficiente fundamento; tal es el caso de Rahman, 2005. Este autor examina el neurodesarrollo de la OS y la define como la “disposición” a la atracción sexual por una persona del sexo opuesto o del mismo sexo. Encuentra adicionalmente que la “disposición” se explica por la selección de un objeto y la existencia de un mecanismo sensible en la preferencia por un género. Preferencia asociada a una conducta dirigida hacia ese objeto en correlación con procesos cognitivos internos ( como fantasías ) dirigidos al mismo.. Encuentra que la OS pareciera tener un carácter dicotómico, más claro en hombres que en mujeres, con muy pocos individuos con una preferencia intermedia, esto es bisexual, afirmación apoyada en las tasas de prevalencia que miden sentimientos sexuales autodeclarados y patrones de excitación fisiológica genital mediante registro pletismográfico.
MUCHOS PROBLEMAS
Queda claro entonces que a la fecha no existe acuerdo en el mundo académico sobre el concepto de OS y tampoco sobre los instrumentos que permitan evaluar dicho fenómeno en la investigación de grupos poblacionales. Eso explica la vigencia aún hoy de la escala de Kinsey que viene del año 1948 y que sigue siendo un hito central en la apreciación de la OS, la cual, como sabemos , sostiene la existencia de un continuo que iría desde lo exclusivamente homosexual a lo exclusivamente héterosexual.
Un buen indicador de las contradicciones acerca del tema que nos ocupa lo podemos encontrar al interior de textos que podrían guardar coincidencia en conceptos básicos. Nos referimos especificamente al “Comprehensive Textbook of Psychiatry”, publicado el 2000, libro de consulta por psiquiatras de todo el mundo. En este texto uno de los colaboradores, en la página 1581, define la OS en base a un elemento subjetivo, el “impulso sexual” ; pero en la página 1609, otro colaborador, presenta una visión diferente,aludiendo a conceptos subjetivos y conductuales : “tendencia a la respuesta erótica... con tres componentes : deseo, conducta e identidad, que pueden o no ser congruentes dentro de un mismo individuo”.
La misma impresión de dificultad para asir la idea de OS la tiene Dean, 2000, quien reconoce que una definición resulta “compleja y variable” e incluye a gay, lesbianas y bisexuales. Señala que estaría expresada por la ”persona que tiene una orientación sexual a personas del mismo sexo-género en términos de conducta, afecto o atracción y/o identidad como gay, lesbiana o bisexual”. Especifica que héterosexuales, homosexuales, bisexuales, gays y lesbianas, cada cual, incluiría al menos una de tres dimensiones : identidad de la orientación sexual, conducta sexual y/o atracción sexual. Es lo mismo que pensó Laumann , en la más importante encuesta poblacional sobre conducta sexual, citado por Horowitz y Newcomb, 2002.
Dean define pues la OS como una forma de identidad (homosexual, héterosexual, bisexual, etc.); o de acuerdo a la elección de género en la pareja sexual o por el género que le atrae sexualmente. Además, en las tres formas podría haber una cuarta variación : cualquier relación entre dos personas que dé lugar a excitación sexual ( no incluyendo necesariamente contacto físico ) o el contacto físico que eventualmente concluya en orgasmo.
Entre los problemas detectados para alcanzar una definición compartida estarían las variadas conductas que son usadas indistintamente para referirse a la OS. Pensemos en las observaciones y críticas que surgen cuando se usan los términos “preferencia sexual”, “estilo de vida”, “homosexual”, “gay”, y “lesbiana”. Más todavía si tenemos en cuenta el hecho de que no en todas las culturas se percibe la conducta sexual de sus integrantes en el horizonte de dos dimensiones homosexual/héterosexual.
EVALUACION
El trabajo de Saewyc y cols., 2004, es uno de los más interesantes por su detallada revisión de la metodología empleada para la evaluación de la OS. Confirma que los instrumentos elaborados para su identificación varían en las encuestas aplicadas y lo atribuye, entre otros factores, a desacuerdos sobre el concepto de OS aceptado y la necesidad de limitar el número de ítems en los cuestionarios. Agrega que muchos investigadores consideran que la OS es un aspecto multidimensional de la identidad personal que abarca dimensiones emocionales, cognoscitivas y conductuales. Algunos estarían a favor del uso de la autodenominación y otros del criterio de la atracción erótica, que suponen serían los componentes de la OS y no la conducta sexual. Es decir, si alguien dice que le atraen ambos sexos, se identifica como bisexual y esa sería su O.S. Empero debemos recordar, a diferencia de Saewyc, que la motivación de la conducta sexual héterosexual, que podemos extender a la homosexual, puede ser condicionada por aspectos no necesariamente sexuales, tales como la posibilidad de acceder a una pareja, mostrar cariño, aparecer como persona tolerante, etc.
Otros autores, por el contrario, subrayan que la autodenominación está fuertemente influída por la cultura, las tendencias sociales y el estigma prevalente y que además, lo que es nada desdeñable, puede cambiar con el tiempo. De allí que la OS no se declarará abiertamente, aún cuando sea el caso no probado, de que la atracción erótica o la conducta sexual en sí mismas permanezcan estables en el tiempo.
Por eso, dice Saewyc, en la misma linea de otros investigadores, surgió la denominación de “hombres que tienen sexo con hombres”, o una similar cuando se trata de mujeres, en estudios de población sobre las enfermedades de transmision sexual y el VIH, seleccionando como variable la conducta de riesgo y no la atracción erótica declarada. También nos recuerda que en una revisión de los estudios publicados no encontramos concordancia completa entre los fenómenos de atracción sexual, autodenominación y conducta sexual, especialmente entre jóvenes.
Finalmente termina diciendo que los investigadores han criticado la importancia que se atribuye a cualquiera de los diferentes aspectos que integrarían la OS. Pregunta ¿ la conducta sexual homosexual, es más adecuada para definir la OS que el propio reconocimiento de la atracción por personas del mismo sexo ? De otro lado, si una persona se identifica como héterosexual, pero no ha tenido actividad sexual de ese tipo y reconoce además que le atraen tanto hombres como mujeres ¿ cuál sería la condición a tener en cuenta ?.
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