No obstante, la mayor parte de las investigaciones que buscan explicar los fenómenos sexuales no ha sido replicada por investigadores independientes, como es de rigor en ciencia, presentando además gruesos errores metodológicos que las hacen cuestionables. El carácter interdisciplinario y multiprofesional de la sexología, así como el significado de la sexualidad para la especie, el individuo y la sociedad, pero más aún su trascendencia ética y moral, dan a este estudio un carácter singular.
Existe un desarrollo filosófico, teórico y científico sobre la sexualidad humana en los campos de las ciencias humanas, naturales y de la salud, que permite precisiones de carácter conceptual de lo que se entiende modernamente por la sexualidad y sus componentes.
En el desarrollo mencionado en los últimos años ha irrumpido en el análisis académico una intensa polémica en torno a un conjunto muy variado de conceptos, ideas y términos acerca de los cuales por lo general no existe consenso.
Mencionemos como ejemplo : sexo y sexualidad, sexo cerebral, sexo genético, sexo cromosómico, sexo cromatínico, identidad psicosexual, rol genérico, conducta de rol genérico, identidad genérica, orientación sexual, salud sexual, salud reproductiva (
término sobre el cual el gobierno peruano tiene hechas reservas en dos conferencias internacionales ), derechos sexuales, derechos reproductivos, disfunciones y desviaciones ( parafilias) sexuales, homofobia, heterofobia, bifobia, transfobia, educación sexual, terapia sexual, etc.
El peso del erotismo en la sociedad moderna resulta indiscutible. Esta es una de las razones por las que las pol íticas de población forman parte imprescindible de los planes de desarrollo de cualquier gobierno. No hay campo de la experiencia humana en que el impulso procreativo no tenga lugar: salud y bienestar, arte y literatura, filosofía y religión, publicidad y medios de comunicación, etc.
¿IDEOLOGÍA o CIENCIA?
Sin embargo desde hace unos quince años en todo proyecto de convención, declaración, ordenamiento, normatividad, creación de organismos, etc. que trate de los derechos humanos o la conducta sexual, es posible comprobar como se trata de imponer el pensamiento proveniente del relativismo ético, el feminismo radical o la agenda homosexual internacional.
Estas pretensiones se asientan en una doctrina fundamentalista y sin sustento empírico y son usualmente presentadas, bajo el paraguas de los derechos humanos, la no discriminación, la libertad y la defensa de las minorías.

De este modo no obstante ser estos últimos valores fundamentales en la sociedad contemporánea y con los que todos estamos de acuerdo, el debate se torna sin motivo apasionado y se corre el riesgo de incurrir en casos concretos y en peligrosas generalizaciones cuando de la aplicación de los derechos humanos se trata.
La ideología del "liberacionismo sexual", en boga en muchos lugares, ha puesto en uso, como ya se ha dicho, un conjunto de términos o frases que no siempre coinciden con su significado real.
Así "respeto a la diversidad" significaría estar de acuerdo con la idea que las personas pueden hacer lo que deseen en su sexualidad con la única limitación de que las relaciones sexuales tengan carácter consensual y "estigmatización", significa cualquier crítica que de lugar a sentimientos de culpa o vergüenza en relación a una conducta señalada como negativa moralmente. Del mismo modo, "discriminación", si es que los valores éticos provocan sentimientos de malestar por un determinado estilo sexual de vida y "odio", cuando se destacan los problemas a que da lugar una sexualidad "liberada".
Finalmente. "conducta sexualmente responsable", si la conducta sexual no es de ningún modo contenida salvo para conformarla con el llamado sexo seguro, no alentando restricciones y minimizando sus consecuencias.
La cosa se complica cuando el sexo es usado con propósitos comerciales, de figuración o resulta vehículo de ansiedades personales e impulsos agresivos, como se ve en algunas personas que aducen ser educadores u orientadores.
SEXOLOGÍA MÉDICA
Pese a lo avanzado en el entendimiento de la conducta erótica, son aun muchos los vacíos y carencias existentes, tal vez éstas sean más que las verdades firmes y comprobadas.
Resulta entonces justificado sospechar de quienes hacen afirmaciones rotundas y enfáticas, que las más de las veces no están sólidamente sustentadas.
Las curaciones de los problemas sexuales que ofrecen algunos avisos periodísticos, son ejemplo del embaucamiento a que da lugar un área del conocimiento carente de regulación académica y control profesional.
Entonces actitudes valorativas y propuestas doctrinarias están, muchas veces, detrás de las afirmaciones que se presentan como exclusivamente científicas.
Incluso, no en pocas oportunidades, los conocimientos sexológicos parecieran ser un instrumento de carácter político, alejado de sus propios fines, como es el caso de las ideas y programas de la llamada “salud reproductiva”.
El afronte de la sexualidad humana por el médico – no solo de la clínica sino también de sus aspectos sociales y políticos- requiere asumir una siempre personal filosofía y moral sexuales y una teoría explicativa de la conducta erótica.

Para ubicarnos objetivamente digamos que la sexología moderna tiene ahora un perfil muy diferente del que tuvo en la primera mitad de la pasada centuria. Del interés por estudiar la reproducción humana en los puebles primitivos y la gran patología sexual (desviaciones sexuales) durante el siglo 19, se ha pasado a la difusión del conocimiento, indagación de la fisiología de la respuesta erótica y a la caracterización de la sexualidad sana.
Es decir, de asuntos que motivaban la curiosidad de un público ávido de exotismos y emociones fuertes, hemos evolucionado hacia el gran tema de la educación sexual que compromete a millones de seres humanos.
De otro lado, los desórdenes sexuales que antaño eran explicados sobre la base de complejos y represiones, son ahora mejor entendidos en términos fisiológicos, bioquímicos y endocrinos.
Conocemos felizmente mucho mejor el proceso de desarrollo psicosexual y la dinámica de la pareja; sus formas de expresión; las causas y tipos de sus desviaciones; la fisiología de la reproducción y la conducta sexual en la tercera edad, por poner unos ejemplos.
Lo que falta es subrayar una visión filosófica y ética, sin la cual no hay manera de entender la conducta humana. A este respecto la doctrina judeo cristiana de la sexualidad con más de 2000 años de existencia es el aporte más completo e integral que se conoce.