Estos son fármacos usados por vía oral cuyo mecanismo de acción es el de inhibir una enzima (sustancia que interviene en los procesos biológicos) que si está libre, recorta la duración de la respuesta sexual frente a los estímulos eróticos.
Se conocen en el mundo varios productos de este tipo, el Viagra, el Levitra y el Cialis principalmente, que han revolucionado el tratamiento de la disfunción eréctil y han permitido que muchos hombres continúen activos sexualmente, más tiempo de lo que se hubiera esperado una generación anterior.
Pero, después del optimismo inicial ante la efectividad de estos fármacos, se ha podido constatar que pueden fallar en un 30% de los hombres cuando la enfermedad médica general que provoca la disfunción es bastante grave. Otras limitaciones serían el estar contraindicados en personas que usan nitratos (sustancias que mantienen la circulación del corazón), quienes han tenido algún accidente cerebro vascular (hemorragia cerebral), un infarto del miocardio, hipotensión arterial o la que se conoce como angina inestable, dolores al corazón que aparecen y desaparecen.
Estos pacientes no obstante no tienen porque quedar abandonados pues se les puede ofrecer algunas alternativas. Como ser el empleo de un cilindro de succión al vacío que el mismo paciente se aplica en el pene y permite una erección de 15’ a 20’ de duración o someterse a diferentes clases de cirugía, sea para mejorar el flujo sanguíneo que ingresa al miembro o en casos extremos, para colocarse una prótesis flexible dentro del órgano genital.
Más todavía, desde el punto de vista farmacológico, la prostaglandina E 1 (Alprostadil) constituye la principal alternativa cuando fallan el Viagra y demás drogas conocidas. Esta sustancia provoca la erección al relajar el músculo liso del pene y dilatar las arterias cavernosas del miembro permitiendo el ingreso adecuado de sangre para alcanzar la erección.
Su uso no es por vía oral como sucede con los modernos agentes erectógenos (Viagra, etc.) sino por inyección directa en la circulación del pene. Sin embargo puede haber problemas de dolor después de la inyección que se cree afectaría a un 50% de pacientes, por lo que un tratamiento que no cause dolor sería más aceptable.
Es así como se ha encontrado que resulta efectiva una combinación de otra sustancia que se encuentra muy extendida en el organismo, el polipéptido intestinal vasoactivo, el PIV, con la fentolamina, que ya está aprobada en algunos países y pendiente de aprobación en otros. El PIV se encuentra en altas concentraciones en el pene de los hombres normales y está frecuentemente disminuido en los que sufren disfunción eréctil, mientras que la fentolamina se potencia con el anterior para restaurar el fluido sanguíneo normal.
Estudios clínicos de esta combinación han encontrado que es bastante efectiva en el tratamiento de la disfunción eréctil cuando es consecuencia de una enfermedad cardiovascular, neurológica o en casos de diabetes, así como en la mayoría de pacientes resistentes a otras sustancias parecidas de aplicación directa en el órgano genital.
Shah, Binsmore, Oakes y Hackett hicieron un estudio en el que compararon la efectividad del Aprostadil con una combinación del PIV y fentolamina, encontrando que ambos fueron efectivos en el tratamiento de la disfunción eréctil, pero la combinación fue preferida tal vez por el menor dolor después de la inyección.
(*) Current Medical Research and Opinion, Oct 2007, 23, 10, 2577