
28. Miramos con decepción y preocupación las alusiones peyorativas que contienen determinadas afirmaciones de las Normas del Ministerio de Salud acerca de las reflexiones y los planteamientos que “algunas religiones” pueden hacer frente a estos temas.
Por lo mismo, preocupa que puedan ser expresión de ciertas posturas ideológicas que sustentan que la religión es algo carente de racionalidad o que toda referencia a Dios debe quedar reducida al ámbito de lo privado o a la conciencia individual. “Es indudable que el hombre puede organizar la tierra sin Dios; pero sin Dios, al fin y al cabo, no puede organizarla sino contra el hombre” (Pablo VI, Encíclica Populorum Progressio, 42).
29. El debate, ese noble ejercicio del espíritu humano tan fundamental en el fortalecimiento de la democracia, no puede ser pretexto para inducir y justificar eventuales ataques a los cimientos de la sociedad. El respeto a la vida humana no es debatible.
30. Por lo mismo, valoramos inmensamente la opción por la vida de parlamentarios de distintas agrupaciones políticas. Con ellos tenemos una deuda no sólo de gratitud, sino también de acompañamiento en sus fundamentales responsabilidades de legislar a favor de la vida desde su concepción hasta la muerte natural, y que se exprese en una coherente opción por los más pobres y marginados, por los ancianos y enfermos, por los niños, los jóvenes y las mujeres, por los esposos y las familias, por el derecho al trabajo y a salarios dignos, es decir, por una opción gratuita por promover la vida, don de Dios y responsabilidad de los seres humanos.
31. Con el Papa Juan Pablo II, afirmamos que no queremos para Chile lo que ha sucedido o está sucediendo en otras latitudes donde
“la democracia, a pesar de sus reglas, va por un camino de totalitarismo fundamental. El Estado deja de ser la casa común donde todos pueden vivir según los principios de igualdad fundamental, y se transforma en Estado tirano, que presume de poder disponer de la vida de los más débiles e indefensos, desde el niño aún no nacido hasta el anciano, en nombre de una utilidad pública que no es otra cosa, en realidad, que el interés de algunos. Parece que todo acontece en el más firme respeto de la legalidad, al menos cuando las leyes que permiten el aborto o la eutanasia son votadas según las, así llamadas, reglas democráticas. Pero en realidad estamos sólo ante una trágica apariencia de legalidad, donde el ideal democrático, que es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana, es traicionado en sus mismas bases (…). Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente, significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás. Pero ésta es la muerte de la verdadera libertad:
En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo (Jn 8, 34)” (Evangelium Vitae, 20).
32. El mundo cristiano y la Iglesia Católica ha celebrado las fiestas de Navidad, del nacimiento de Jesús, culminando con la Epifanía, es decir, el misterio de la manifestación de Dios en la vulnerabilidad del Niño Dios. A ese Niño lo reconocieron los pastores y los magos de Oriente. Con alegría constatamos que en nuestra cultura la Navidad a nadie deja indiferente, ya sea reconociendo y profesando que el Niño del pesebre es el Hijo de Dios, ya sea adhiriendo a sentimientos de paz y felicidad para todos. El intercambio de regalos es un signo elocuente con el que expresamos la bondad originaria que anida en nuestros corazones y que queremos compartir con los demás, especialmente con los seres queridos, con los niños, con los ancianos, con los más pobres. Han sido innumerables los gestos y las acciones solidarias a favor de la vida concreta de nuestros hermanos y hermanas más pobres que han dado sentido a estos días de la celebración del nacimiento del Niño Dios.

33. Porque el Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús, queremos renovar nuestra acogida a Él, anunciándolo como buena noticia para nuestra Patria. En efecto, “en la aurora de la salvación, el nacimiento de un niño es proclamado como gozosa noticia: «Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor» (Lc 2, 10-11). El nacimiento del Salvador produce ciertamente esta «gran alegría»; pero la Navidad pone también de manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano, y la alegría mesiánica constituye así el fundamento y realización de la alegría por cada niño que nace (cfr. Jn 16, 21)” (Evangelium Vitae, 1).
34. Nuestras reflexiones están también animadas por los jóvenes que participan en las comunidades eclesiales, en las distintas instancias de voluntariado y de solidaridad que despliegan en su Iglesia; en las misiones a lo largo del país. Ellos nos dan ejemplo de la sensibilidad ante la vida en el servicio de los niños enfermos en hospitales, de las personas encarceladas, de los ancianos, de los habitantes de nuestras calles. Como la Virgen María en su visita a su prima Isabel son solícitos a acudir donde los más pobres y débiles portando a Cristo, llevando alegría y buenas noticias, valorando la vida de sus hermanos.
35. Proponemos estas reflexiones a los creyentes y a los hombres y mujeres de buena voluntad para meditar responsable e integralmente sobre los problemas que nos aquejan como sociedad, para buscar soluciones que enaltezcan el alma de Chile, pensando en el país que queremos construir de cara al Bicentenario.
El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile
† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua Presidente
(*) Autor: Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile,Fecha: 10/01/2007