
Las Normas adhieren claramente a la así llamada “perspectiva de género” y a la corriente “principalista” de la bioética, que enfatizan una autonomía individual que pasa incluso por sobre el derecho a la vida y a la dignidad de otros seres humanos, lo que contradice sus pretensiones de neutralidad.
11. El texto, a la vez, revela inconsistencia.
Pese a repetir su expresa intención de no interferir en la decisión de las personas acerca de su forma de encarar el tema de la regulación de la fertilidad, critica a “algunas religiones [que] sostienen que no es posible separar el fin unitivo del fin reproductivo del acto sexual” (p. 25). Esta es una alusión clara a la doctrina de la Iglesia Católica.
12. Además, el texto está redactado de tal modo que no permite el necesario desarrollo y profundización que exigen temas como éste.
Una lectura más detenida revela, en efecto, serias insuficiencias teóricas.
Éstas se manifiestan, principalmente, en la omisión o poca consideración que hay acerca de conceptos fundamentales como amor, libertad y responsabilidad (personal y social), familia. Y esto se debe en gran medida a que tampoco trata con claridad el concepto de persona. Así se diluye toda su argumentación frente a los derechos y la dignidad humana, entregando una imagen reductiva de la persona, que aparece como un ser hedonista, materialista e individualista.
13. En las Normas aparecen un relativismo ético y una visión antropológica que ponen en riesgo el respeto por la vida y la dignidad de las personas, al menos de los más desvalidos y sin voz frente a los organismos de poder.
Entre ellos están no sólo las posibles víctimas de la violencia sexual y de la pobreza, sino también las personas aún no-nacidas (los embriones), de cuya dignidad personal no se habla ni una sola vez en el documento.
(*) Autor: Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile,Fecha: 10/01/2007