MORAL TRADICIONAL
La moral sexual tradicional reforzaba el matrimonio como el compromiso social y la única vía para la salida de la tensión sexual.
Ofrecía además la clara función de asegurar la estabilidad de la familia y garantizar la transferencia del “capital social” de una generación a la siguiente.
Además tenía el atractivo racional de darle sentido al amor, el compromiso, los celos, el cortejo y el encuentro excitante de los sexos. Su problema talvez sería el de las restricciones frente al placer, creando las condiciones para escapar de las mismas. Evasión que se podía llevar a cabo con gran algarabía pero que luego daba lugar a un verdadero trago amargo.
LIBERACIONISMO SEXUAL
La característica más interesante de la nueva situación en la que nos encontramos sería el gran esfuerzo que hacemos para evitar sentirnos culpables.
Cuando alguien hace algo que no está bien se avergüenza de sí mismo, al pensar que alguien nos estaría juzgando negativamente. La vergüenza sexual significaría un sentimiento moral diferente. No sólo sería la confesión de estar haciendo algo malo sino la resistencia para hacerlo o sufrirlo y, además de ser juzgados negativamente, dada nuestra condición de personas morales, preocupa ser vistos solamente como un cuerpo, un mecanismo o un objeto.
La culpa sexual ha sido descrita como el escudo que nos protegería del abuso de los demás pero también del de nosotros mismos. Al perder la capacidad para sentirnos culpables no retornaríamos a la inocencia de los animales sino que perderíamos la protección frente a los manipuladores del sexo.
La culpa habría existido hasta comienzos de los años 60. Las parejas guardaban sus deseos sexuales a los ojos de los demás e incluso a veces entre uno y otra, por lo menos hasta el momento en que esto ya se podía expresar directamente.
La obscenidad era cuestionada, nada menos que por los gurúes de la liberación: Marcusse y Brown. Para ellos el sexo era algo hermoso y hasta sagrado, no debería ser manchado por el lenguaje sucio, el humor escatológico y el exhibicionismo.
EDUCACION SEXUAL
Desde entonces la culpabilidad ha venido siendo arrinconada por nuestra cultura. Es desalentada por la educación sexual en los colegios que trata de suprimir las diferencias entre humanos y animales y borrar cualquier traza que quede de lo prohibido, riesgoso o sagrado.
Así es como el comienzo de la vida sexual significa aprender a superar todas las emociones negativas que lleven al cuestionamiento de la conducta y más bien gozar del “buen sexo”.
¿Quién? ¿con quién?, ¿varón o mujer?, dependerán de la libre elección de cada uno, pues ya no se trata de optar apropiadamente sino sólo de facilitar la elección.
Estamos promoviendo en la niñez un interés despersonalizado en su propia sexualidad y al mismo tiempo nos asustamos al pensar en los pedófilos que circulan por allí, sin darnos cuenta que realmente están acá.
La culpa no es un lujo, ni una inhibición a ser descartada, sino que es parte integral de la condición humana. Es el sentimiento sin el cual el verdadero deseo sexual no podría desarrollarse.
Una real educación sexual tendría como objetivo – según Scrutton - no suprimir la culpabilidad sino al revés, fortalecerla.
NORMALIDAD Y PATOLOGIA
Nuevo también sería el concepto del deseo sexual normal. En 1963 la homosexualidad era una perversión, aún si se presentaba con cierto glamour. El deseo sexual tenía un curso normal, según el cual un varón y una mujer intimaban en base al mutuo consentimiento y el recíproco placer sexual.
El sexo con niños era aborrecible y con los animales, impensable, salvo en la literatura.
Pero, gracias a la propaganda masiva del lobby gay y la pseudociencia del Instituto Kinsey (cuyo fundador el charlatán Alfred C. Kinsey está en el rango de los personajes admirados) se ha abandonado el concepto de perversión y aceptado la idea de la “orientación sexual”(1) como algo natural.
Una gran responsabilidad de la confusión creada en la sociedad entre lo normal y lo patológico le corresponde a la Asociación Psiquiátrica Americana.
PORNOGRAFIA
Nueva sería también la manera desprovista de significado y despersonalizada con la que se describe el acto sexual para lo cual la pornografía contribuye de manera importante. Se puede mirar a una persona y ver sólo su cuerpo y no el Yo que la constituye. El interés sexual se presta a una elección: ver al otro como sujeto o como objeto. Esto explicaría el atractivo pero también el peligro de la pornografía que presenta a las personas como objetos. Es posible comprender este proceso acudiendo a la distinción de Kenneth Clark entre “the naked” (desnudo corporal) y “the nude” (desnudo artístico). En los desnudos de Tiziano se puede ver frecuentemente un perrito mirando una mujer reclinada en un sofá. Su tranquilidad nos recuerda cuan diferentes son percibidas las formas humanas ante nuestros ojos y los de un animal.
Las personas en las imágenes pornográficas no están desnudas como en las pinturas de Tiziano sino que se ven desnudas aunque estén parcialmente vestidas.
La pornografía lleva a cabo un cambio de foco que desciende desde la persona humana, objeto del deseo y del amor, al animal humano, objeto de fantasías. El deseo es desprovisto de amor y asociado a la máquina muda del sexo.
Este daño hecho a los adultos es el mismo que la educación sexual está haciendo en los niños, socavando su posibilidad de un amor erótico real.
A este se accede cuando el acto sexual está pleno de encuentros,desencuentros y restricciones, siendo ofrecido como un regalo y compromiso existencial.
El crecimiento de la pornografía se explicaría por su rol en liberarnos de compromisos en un mundo plagado de problemas y dificultades que se dan en la interacción con los demás, que por su propia existencia hacen demandas que podemos no estar dispuestos a complacer. Resulta entonces más fácil refugiarse en sustitutos no demandantes ni con capacidad de oponerse a nuestros deseos.
El efecto de las fantasías pornográficas es hacer del objeto del deseo algo transable y reemplazar el amor y su componente sacramental por las leyes del intercambio.
El sexo se ha tornado en un “commodity”, el santuario del ideal humano en un mercado y su valor reducido a un precio.
CONSECUENCIAS
Los cambios han tenido consecuencias que no se pudieron predecir en la década de los 60s. En el mundo del “sexo seguro” la antigua costumbre del enamoramiento parece tediosa y monótona.
Si el sexo es una transacción del placer que se vende en Internet, el consentimiento se obtiene con facilidad.
Pero un consentimiento que se da tan libremente, dejando de lado los preliminares que se pensaba eran indispensables, no parece tan real. Puede ser negado en cualquier momento y aún en forma retrospectiva. La cachetada que frenaba antaño los avances inoportunos hace su aparición ahora después que las cosas ya ocurrieron pero en forma más radical de lo que solía ser.
El rechazo ya no es privado, íntimo y posible de corregir. Es público y se ventila en los tribunales.
El delito de violación en una cita pactada entre jóvenes está en incremento en los ambientes universitarios de los Estados Unidos y no tiene que ver con que la chica haya dicho “si” porque esto puede significar “no”.
CONCLUSION
Por cuarenta años nos venimos resistiendo a la naturaleza humana, que se ha documentado de una u otra forma desde el comienzo de la historia, con doctrinas que no resisten la realidad.
La liberación sexual pareciera que está para quedarse pero aún podemos rescatar el orden natural que está amenazado y proteger los dos grandes proyectos que han venido declinando: el del amor y la crianza de los niños. Los médicos psiquiatras tenemos mucho que decir.
(1) Orientación Sexual: teoría, programas de saludy discriminación. www.sexualidadsana.com.pe
|