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Desviaciones Sexuales: Dos opiniones PDF Imprimir E-mail
Desde hace algunos años se viene debatiendo la pertinencia de la inclusión de las desviaciones sexuales, modernamente llamadas parafilias, en las clasificaciones de los desórdenes mentales y emocionales. La historia comienza cuando la Asociación Psiquiátrica Americana cediendo al chantaje de algunos grupos gay removió la homosexualidad del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en 1973. Posteriormente organizaciones de pedófilos,sadomasoquistas y últimamente transgéneros, intentan hacer lo mismo, con la compañía de algunos profesionales de la salud mental.

Cada vez que hay ocasión de analizar el concepto, tratamiento y repercusiones de la conducta sexual desviada, surge la confrontación entre quienes están en favor y quienes en contra de que se mantenga el capítulo de las parafilias en las clasificaciones de desórdenes mentales. A continuación presentamos los puntos de vista, de algún modo antagónicos, de dos psiquiatras, (1) Charles Mosser y Robert Spitzer . Empecemos por el primero.

CHARLES MOSSER
Mosser afirma que históricamente algunos fuertes “intereses” ( entrecomillado agregado ) sexuales han permanecido en la clasificación psiquiátrica desde el principio y se han mantenido así sin una revisión seria a través del tiempo. Se pregunta ¿ cualquiera de las parafilias es un desorden mental ? ¿ las parafilias son compatibles con la definición de desorden mental de la DSM ? ¿ se necesita fundamentar por separado la propuesta de remoción de cada parafilia de la clasificación ? Mosser se responde a sí mismo: “No”.

Piensa que la DSM-IV-TR ( la última clasificación publicada ), es, al mismo tiempo, sensible a la cultura y apoyada por una extensa base empírica. No obstante, en el caso de las parafilias, estos dos aspectos estarían en cuestionamiento. La afirmación de que las parafilias constituyen un fenómeno , psicopatológico, dice, es errónea y no tiene apoyo en la investigación objetiva.

Por el contrario cualquier interés sexual podría ser saludable y así mismo enriquecedor de la vida. Señala que históricamente y a través de las culturas hay numerosos ejemplos de intereses sexuales que fueron prohibidos y son ahora aceptados, y al revés, intereses socialmente aceptados que están ahora proscritos. Es decir, los intereses sexuales se dan en un contexto cultural y son juzgados de acuerdo a las normas sociales prevalentes. Ocurre que estaríamos concibiendo que los individuos quienes no pueden aceptar las elecciones de vida no tradicionales sufrirían de un desorden mental , olvidándonos de culpar a la “causa” , la sociedad, como generadora del problema.

En conclusión, es el contexto socio político en el cual el proceso diagnóstico se desenvuelve, el que no debe ser dejado de lado y no tanto las consecuencias del mismo.

Cualquier interés sexual, aún el llamado “normofílico” ( esto es el ideal saludable ) puede ser el apropiado centro de una intervención en el área de la salud mental. Lo que tiene que hacer el clínico es, primero, evaluar si hay un problema. Enseguida preguntarse ¿es el interés sexual de la persona la causa del problema?. Esto es, la “parafilia” en sí misma puede no estar relacionada al problema y mas bien ser la reacción de los otros lo que la hace conflictiva. Un modelo diagnóstico que clasifica los intereses sexuales específicos como patológicos, está asumiendo que el interés sexual por sí mismo es la causa del problema y que eliminándolo se resolverá el mismo.

Un modelo de esta naturaleza equipara interés sexual y desorden, aún cuando la sexualidad sea experimentada como enriquecedora y no cause ni malestar ni disfuncionalidad.

La presencia de parafilias como una categoría de los desórdenes mentales de la DSM tiene sin desearlo implicaciones sociales y políticas. Las personas pierden sus empleos, su seguridad, la custodia de sus niños y otros derechos, por el hecho de ser etiquetados con un diagnóstico psiquiátrico. La propia carrera, autoestima y relaciones sociales, pueden ser afectadas negativamente por la estigmatización de un diagnóstico. Tratar de llevar un estilo de vida “normofílico” es evidente difícil y complicado, tanto para los que tienen intereses sexuales no comunes como para sus parejas.

Los intentos por cambiar estos intereses a unos más convencionales son difíciles por la falta de tratamientos efectivos, pese a lo que creen algunos terapistas, y no habría datos suficientes para pensar que la psicoterapia o incluso la fuerza, puedan modificar el carácter de cualquier interés sexual. Los tratamientos médicos (por ejemplo el uso de antiandrógenos o ISRS) pueden disminuir un deseo sexual inusual, pero tienen también el efecto de provocar trastornos del mismo deseo y la excitación sexuales.

Aun cuando el malestar o la disfuncionalidad estén relacionados con el particular interés , erradicarlo –según Mosser- podría no ser la meta terapéutica apropiada. El autor pone el siguiente ejemplo: consideremos lo que ocurre con la muerte de un familiar que ocasiona un episodio de depresión aunque esto no significa que todos los que sufren una pérdida sentida vayan a deprimirse. Incluso algunos síntomas depresivos podrían estar presentes pero esto no ocurre en todos aquellos que pierden un familiar. En otras palabras, la depresión es el diagnóstico y no la muerte del familiar y el resultado esperado sería una persona libre de depresión. Pero tratar de erradicar los sentimientos del paciente por la pérdida sufrida es evidentemente inapropiado. Siguiendo este razonamiento el objetivo terapeútico con un paciente ”parafílico” sería el que no sufra prolongado malestar o disfuncionalidad.

Terapistas y médicos corrientemente buscan ayudar a las personas normofílicas a enriquecer sus vidas sexuales. Ahí están los tratamientos médicos, quirúrgicos y psicoterapéuticos de las disfunciones sexuales, con su objetivo de superar el malestar y las dificultades que experimentan. Piensa que el mismo enfoque debería ser asumido frente a los intereses sexuales infrecuentes, porque la represión de estos podría afectar su calidad de vida.

No estoy defendiendo, dice Mosser, el cambio de alguna ley o la aceptación de una conducta sexual inapropiada, ya que la sociedad tiene el derecho y la obligación de proteger a la gente de acercamientos o agresiones sexuales no deseadas. Esto es, que quienes violan las leyes son delincuentes pero no necesariamente sufren de un desorden mental.

El autor termina con una invocación. La sexualidad, dice, puede ser una fuente de gran satisfacción. Deberíamos ayudar a nuestros pacientes a desarrollar su potencial sexual y no limitarlos patologizando a priori a los individuos, sobre la base de la naturaleza de sus deseos. Un enfoque racional y comprensivo requiere que nosotros no sigamos percibiendo las expresiones sexuales no convencionales como patológicas. La sección de parafilias de la DSM debería ser removida y reemplazada con un diagnóstico genérico que no identifique las conductas sexuales específicas.
Para este fin Mosser ha publicado una propuesta.
( continuará )

(1) Archives of Sexual Behavior, 2002, 31:6.

 
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