La manera en que los padres se comprometen con las madres y los niños ha sido un tema de interés para los terapistas familiares desde el comienzo del desarrollo de esta especialidad. Los padres pueden atender, y realmente lo hacen, a los niños y de este modo ellos mismos sufrirían cambios a partir de esta experiencia, que es a la vez emocional y física.
Las autoras parten de la doctrina que entiende la paternidad como una noción construida socialmente, que tiene como punto de partida las estructuras de género, económicas y políticas que subyacen a la familia y niegan que la paternidad sea una categoría esencial, fija e invariable. Para ellas los significados asociados con la paternidad varían a través del tiempo, el contexto y los tipos de hogar.
Históricamente, dicen, el significado de la paternidad en los Estados Unidos ha cambiado desde el liderazgo moral que representó durante el período colonial al padre proveedor de la era de la industrialización, cuando los varones se incorporaron al trabajo fuera del hogar. En las últimas décadas habría aparecido un nuevo modelo: el varón comprometido con la crianza de sus hijos.
Investigaciones recientes muestran que muchos padres están claramente comprometidos con sus hijos, más que los padres de otras generaciones, y la igualdad de la pareja viene a revertir la división estereotipada de los roles con el nacimiento de los niños. Sin embargo aunque el significado de la paternidad está lentamente incluyendo su compromiso con la atención de los hijos, las condiciones bajo las cuales este nuevo modelo se desenvuelve, no están todavía claras.
Desde una perspectiva sistémica, los padres no pueden ser entendidos separados de las madres. La paternidad se desenvuelve en el ir y venir compartido entre las personas en el curso de sus vidas a través de momentos de negociación, competencia, compromiso y reacomodos.
La ideología feminista ha cuestionado la presunción que apoya una visión monolítica e invariable de la paternidad. Busca desmitificar el proceso que soporta las estructuras familiares y limita los roles accesibles a hombres y mujeres, tratando de identificar un modelo más comprometido y menos dominante de paternidad.
Varios autores han informado que la motivación hacia la igualdad marital ha sido fundamental para el éxito de un balance del funcionamiento de la familia, aunque al mismo tiempo también se ha informado que la esposa ha sido la responsable primaria de la organización del hogar. La investigación feminista, como no podía ser de otro modo, ha trasladado la discusión de la división del trabajo entre varones y mujeres más allá simplemente de registrar quién hace qué en el matrimonio para hacer evidente la fuerza del género detrás del lenguaje y las nociones de género de los ámbitos de desenvolvimiento separados de los sexos.
El trabajo de Shawn Matta y Knudson-Martin se desarrolla a partir de dos dimensiones de la paternidad: el compromiso asumido por los hombres y su capacidad para establecer relaciones.
Recientes cambios sociales han redefinido la paternidad desde el varón proveedor y que establece las normas dentro del hogar hasta el que se compromete en la crianza día a día de los niños de todas las edades.
El compromiso de los padres incluiría tres aspectos: participación, accesibilidad y responsabilidad. Varios factores tendrían un efecto potencial, tanto negativo como positivo, de la manera en que los varones participan como padres, especialmente las expectativas y conductas de las madres, la calidad de la relación entre los padres, las condiciones económicas y de empleo, así como ciertas prácticas institucionales.
El compromiso de los hombres frecuentemente incluye la noción de la parentalidad compartida y es así que unos autores hallaron una diferencia en lo que definieron como conducta centrada en la crianza del niño (orientando, ayudándole en sus tareas y dialogando con él) y otra centrada en el adulto (jugando, compartiendo actividades placenteras y mirando televisión). Cuando los hombres participan más del primer modelo es probable que ellos se comprometan más para compartir las tareas de la casa y la crianza del niño.
Respecto a la capacidad relacional se ha hallado que la cercanía paterna, el afecto y la responsabilidad para la atención regular de los hijos fue asociada positivamente con el compromiso de la madre en actividades de la comunidad y la obtención de posiciones de mayor autoridad para ella.
Se habría encontrado que la capacidad del varón para el cuidado y atención de sus hijos estaba relacionada a la construcción social e interna de la masculinidad. De todos modos los hombres están listos para la atención y la crianza de sus hijos.
Una revisión de la literatura sobre el género concluyó que hombres y mujeres en realidad son mucho más semejantes que diferentes. Sin embargo, unos y otros están restringidos por lo que se ha llamado instituciones genéricas: el mercado de trabajo, la familia, la escuela y las políticas en las que los conceptos dominantes serían reforzados y reproducidos y las posibles alternativas diferentes desalentadas.
En conjunto la literatura sobre los padres sugiere que los varones tienen la capacidad para relacionarse sin problemas con los niños y que cuando lo hacen sufren cambios ellos mismos a partir de estas experiencias. La manera en que los hombres se comprometen en la parentalidad es significativa no sólo para los niños sino para ellos mismos y la intimidad de sus relaciones.
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