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El amor de la pareja : El amor cristiano (Séptima Parte y Final) PDF Imprimir E-mail
En esta séptima parte, final, del amor de la pareja, vamos a continuar transcribiendo documentos que sustentan la prédica de la Iglesia Católica. Terminamos citando un último texto dedicado explícitamente al amor cuya autoría recae en el Papa Benedicto XVI.
El Amor de Dios
La primera encíclica del Papa Benedicto XVI, “Dios es amor”, se ha dirigido a mejor esclarecer el pensamiento de la Iglesia sobre el amor. Blanco Sarto, 2006, comentando la Encíclica señala : “Pero ahora, Benedicto XVI ha querido centrarse en el amor. ‘La palabra amor esta hoy tan, estropeada, desgastada y se abusa tanto de ella, que casi se teme dejar que aflore a los labios - dijo en un simposio sobre la caridad, a propósito de su primera encíclica -. Y sin embargo, es una palabra primordial, expresión de una realidad primordial; no podemos abandonarla, debemos retomarla, purificarla y devolverle su esplendor original, para que pueda iluminar nuestra vida y llevarla por el camino recto”.

Luego comenta que, “Más adelante el Papa ha glosado su propia encíclica, y nos ha ofrecido algunas pistas para leerla correctamente. La primera es afrontar una terrible objeción: ‘¿no nos amarga la Iglesia la alegría del eros, de sentirnos amados, que nos empuja hacia el otro y busca transformarse en unión?’ ¿No será la propuesta cristiana una simple ... represión del verdadero amor? Ante esto, el Papa alemán nos invita a mirar mas allá: no se trata de alcanzar tan solo ‘una felicidad transitoria y pasajera’, sino algo más estable y definitivo. Una felicidad de larga duración, como solo nos proporciona el encontrar la felicidad del otro, el hacer felices a los demás. Tu felicidad es mi felicidad, viene a recordar”.

Salvación y Dimensión Humana
Pero además el “Servicio Vaticano de Información” , 2006, nos ha ofrecido una precisa síntesis de la encíclica “Dios es Amor”, que trata del sexo, el erotismo y la sexualidad, y su culminación, el Amor. La encíclica consta de dos grandes partes .La primera está dedicada a la unidad del amor en la creación y en la historia de la salvación y desarrolla una visión teológica y filosófica del amor, en su dimensión humana y con la única referencia posible, el amor de Dios por el hombre. La segunda parte, que no examinamos en este texto [precisa ], se interesa en el ejercicio del amor por parte de la Iglesia como "comunidad de amor", el mandamiento del amor hacia el prójimo, del Evangelio.

El Servicio nos explica la complemetación entre las ideas de eros y agape :”El término ‘amor’ una de las palabras más usadas y de las que más se abusa en el mundo de hoy, posee un vasto campo semántico. En esta multiplicidad de significados, surge, sin embargo, como arquetipo del amor por excelencia aquel entre hombre y mujer, que en la antigua Grecia era definido con el nombre de ‘eros’. En la Biblia y sobre todo en el Nuevo Testamento, se profundiza en el concepto de amor’, un desarrollo que se expresa en el arrinconamiento de la palabra ‘eros’ en favor del término ‘ágape’, para expresar un amor oblativo. Esta nueva visión del amor, una novedad esencial del cristianismo, ha sido juzgada no pocas veces, de forma absolutamente negativa, como un rechazo del eros y de la corporeidad. Si bien haya habido tendencias de este tipo, el sentido de esta profundización es otro.

El ‘eros’ puesto en la naturaleza del ser humano por su mismo Creador, tiene necesidad de disciplina, de purificación y de madurez para no perder su dignidad original y no degradarse a puro ‘sexo’, convirtiéndose en mercancía.

Espíritu y Materia
La fe cristiana ha considerado siempre al hombre como un ser en el que espíritu y materia se compenetran uno con otra, alcanzando así una nobleza nueva. Se puede decir que el reto del ‘eros’ ha sido superado cuando en el ser humano el cuerpo y el alma se encuentran en perfecta armonía. Entonces si que el amor es ‘éxtasis’, pero éxtasis no en el sentido de un momento de embriaguez pasajera, sino como éxodo permanente del yo encerrado en si mismo hacia su liberación en el don de sí, y de esa forma hacia el reencuentro consigo mismo, mas aún, hacia el descubrimiento de Dios: de este modo el ‘eros’ puede elevar al ser humano en ‘éxtasis’ hacia lo Divino.

En definitiva, ‘eros’ y ‘ágape’ exigen no estar nunca separados completamente uno de otra, al contrario, cuanto más - si bien en dimensiones diversas -, encuentran su justo equilibrio, mas se cumple la verdadera naturaleza del amor. Si bien el ‘eros’ inicialmente es sobre todo deseo, a medida que se acerque a la otra persona se interrogará siempre menos sobre si mismo, buscará cada vez mas la felicidad del otro, se entregará y deseará ‘ser’ para el otro : así se adentra en él y se afirma el momento del ‘ágape’ ”.

Pero entenderemos mucho mejor el pensamiento de Benedicto XVI si transcribimos directamente algunas de las ideas que nos parecen las más interesantes de la primera parte de su Encíclica. Expresa el Papa, ”La primera [ parte de la Encíclica ] tendrá un carácter más especulativo, puesto que en ella quisiera precisar - al comienzo de mi pontificado – algunos puntos esenciales sobre el amor que Dios, de manera misteriosa y gratuita, ofrece al hombre y, a la vez, la relación intrínseca de dicho amor con la realidad del amor humano( pg. 6 )”. Explica enseguida,”En primer lugar, recordemos el vasto campo semántico de la palabra ‘amor’: se habla de amor a la patria, de amor por la profesión... destaca, como arquetipo por excelencia, el amor entre el hombre y la mujer, en el cual intervienen inseparablemente el cuerpo y el alma, y en el que se le abre al ser humano una promesa de felicidad que parece irresistible, en comparación del cual palidecen, a primera vista, todos los demás tipos de amor ( pgs. 7-8)”.

Luego Benedicto XVI nos dice, “Los antiguos griegos dieron el nombre de eros al amor entre hombre y mujer, que no nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano. Digamos de antemano que el Antiguo Testamento griego usa sólo dos veces la palabra eros, mientras que el Nuevo Testamento nunca la emplea: de los tres términos griegos relativos al amor - eros, philia (amor de amistad) y agapé- , los escritos neotestamentarios prefieren este último, que en el lenguaje griego estaba dejado de lado. El amor de amistad (philia), a su vez, es aceptado y profundizado en el Evangelio de Juan para expresar la relación entre Jesús y sus discípulos. Este relegar la palabra eros, junto con la nueva concepción del amor que se expresa con la palabra agapé, denota sin duda algo esencial en la novedad del cristianismo, precisamente en su modo de entender el amor.

La Crítica
En la crítica al cristianismo que se ha desarrollado con creciente radicalismo a partir de la Ilustración, esta novedad ha sido valorada de modo absolutamente negativo. El cristianismo, según Friedrich Nietzsche, habría dado de beber al eros un veneno, el cual, aunque no le llevó a la muerte, le hizo degenerar en vicio. El filosofo alemán expresó de este modo una apreciación muy difundida: la Iglesia, con sus preceptos y prohibiciones, ¿no convierte acaso en amargo lo más hermoso de la vida?... Pero, ¿es realmente así? El cristianismo, ¿ha destruido verdaderamente el eros? Recordemos el mundo precristiano.

Los griegos - sin duda análogamente a otras culturas - consideraban el eros ante todo como un arrebato, una ‘locura divina’ que prevalece sobre la razón, que arranca al hombre de la limitación de su existencia y, en este quedar estremecido por una potencia divina, le hace experimentar la dicha más alta ( pgs. 8-9)” Contnua,”En el campo de las religiones, esta actitud se ha plasmado en los cultos de la fertilidad, entre los que se encuentra la prostitución ‘sagrada’ que se daba en muchos templos. El eros se celebraba, pues, como fuerza divina, como comunión con la divinidad.
A esta forma de religión que, como una fuerte tentación, contrasta con la fe en el único Dios, el Antiguo Testamento se opuso con máxima firmeza, combatiéndola como perversión de la religiosidad.

No obstante, en modo alguno rechazó con ello el eros como tal, sino que declaró guerra a su desviación destructora, puesto que la falsa divinización del eros que se produce en esos casos lo priva de su dignidad divina y lo deshumaniza. En efecto, las prostitutas que en el templo debían proporcionar el arrobamiento de lo divino, no son tratadas como seres humanos y personas, sino que sirven sólo como instrumentos para suscitar la ‘locura divina’ : en realidad, no son diosas, sino personas humanas de las que se abusa (p.10)”
Agrega después,”... En estas rápidas consideraciones sobre el concepto de eros en la historia y en la actualidad sobresalen claramente dos aspectos.

Ante todo, que entre el amor y lo divino existe una cierta relación : el amor promete infinidad, eternidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Pero, al mismo tiempo, se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni ‘envenenarlo’, sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza.

Esto depende ante todo de la constitución del ser humano, que está compuesto de cuerpo y alma. El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima; el desafío del eros puede considerarse superado cuando se logra esta unificación( pg.11 )” y “ Hoy se reprocha a veces al cristianismo del pasado haber sido adversario de la corporeidad y, de hecho, siempre se han dado tendencias de este tipo.

Promesa
Pero el modo de exaltar el cuerpo que hoy constatamos resulta engañoso. El eros, degradado a puro ‘sexo’, se convierte en mercancía, en simple ‘objeto’ que se puede comprar y vender; mas aún , el hombre mismo se transforma en mercancía. En realidad, éste no es propiamente el gran sí del hombre a su cuerpo. Por el contrario, de este modo considera el cuerpo y la sexualidad solamente como la parte material de su ser, para emplearla y explotarla de modo calculador. Una parte, además, que no aprecia como ámbito de su libertad, sino como algo que, a su manera, intenta convertir en agradable e inocuo a la vez.

En realidad, nos encontramos ante una degradación del cuerpo humano, que ya no está integrado en el conjunto de la libertad de nuestra existencia, ni es expresión viva de la totalidad de nuestro ser, sino que es relegado a lo puramente biológico. La aparente exaltación del cuerpo puede convertirse muy pronto en odio a la corporeidad ( pg.12 )”.
Explica luego Benedicto XVI,”¿Cómo se debe vivir el amor para que se realice plenamente su promesa humana y divina? Una primera indicación importante podemos encontrarla en uno de los libros del Antiguo Testamento bien conocido por los místicos, el Cantar de los Cantares ( pg.13 )” y termina diciendo “
Pero, sobre todo, ha surgido la cuestión de si el mensaje sobre el amor que nos han transmitido la Biblia y la Tradición de la Iglesia tiene algo que ver con la común experiencia humana del amor, o más bien se opone a ella. A este propósito, nos hemos encontrado con las dos palabras fundamentales: eros como término para el amor ‘mundano’ y agapé como denominación del amor fundado en la fe y plasmado por ella ( pg. 15 )”

CONCLUSION
Damos así por concluida la dificl tarea de comprender el significado, denotación pero asi mismo connotación, de la sexualidad, el erotismo y el amor. En este propósito hemos revisado la doctrina, la ciencias sociales y la medicina y, finalmente, terminamos con la mas completa perspectiva del amor, es decir su visión cristiana.

 
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