Pontificio Consejo para la Familia
Fundamental para entender el amor resulta el documento “Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia”, 1995, del Pontificio Consejo para la Familia.
Empieza señalando algunas de las convicciones principales de la Iglesia sobre el asunto: “El amor, que se alimenta y se expresa en el encuentro del hombre y de la mujer, es don de Dios; es por esto fuerza positiva, orientada a su madurez en cuanto personas; es a la vez una preciosa reserva para el don de sí que todos, hombres y mujeres, están llamados a cumplir para su propia realización y felicidad, según un proyecto de vida que representa la vocación de cada uno.
El hombre, en efecto, es llamado al amor como espíritu encarnado, es decir, alma y cuerpo en la unidad de la persona. El amor humano abraza también el cuerpo y el cuerpo expresa igualmente el amor espiritual”.
Continúa, “La sexualidad no es algo puramente biológico, sino que mira a la vez al núcleo íntimo de la persona. El uso de la sexualidad como donación física tiene su verdad y alcanza su pleno significado cuando es expresión de la donación personal del hombre y de la mujer hasta la muerte. Este amor está expuesto sin embargo, como toda la vida de la persona, a la fragilidad debida al pecado original y sufre, en muchos contextos socioculturales, condicionamientos negativos y a veces desviados y traumáticos.
Sin embargo la redención del Señor, ha hecho de la práctica positiva de la castidad una realidad posible y un motivo de alegría, tanto para quienes tienen la vocación al matrimonio - sea antes y durante la preparación, como después, a través del arcode la vida conyugal -, como para aquellos que reciben el don de una llamada especial a la vida consagrada” (pg.4).
En el Capítulo I, “Llamados al verdadero amor”, afirma su origen en Dios: “El ‘ hombre, en cuanto imagen de Dios, ha sido creado para amar ‘. Esta verdad ha sido revelada plenamente en el Nuevo Testamento, junto con el misterio de la vida intratrinitaria: ‘ Dios es amor (1 Jn 4, 8) y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen..., Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión. El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano ‘. Todo el sentido de la propia libertad, y del autodominio consiguiente, está orientado al don de sí en la comunión y en la amistad con Dios y con los demás” (pg.7).
Con respecto al amor y la sexualidad humana: “El hombre está llamado al amor y al don de sí en su unidad corpóreo-espiritual. Feminidad y masculinidad son dones complementarios, en cuya virtud la sexualidad humana es parte integrante de la concreta capacidad de amar que Dios ha inscrito en el hombre y en la mujer. ‘ La sexualidad es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano ‘. Esta capacidad de amar como don de sí tiene, por tanto, su ‘encarnación’ en el carácter esponsal del cuerpo, en el cual está inscrita la masculinidad y la feminidad de la persona.
‘ El cuerpo humano, con su sexo y con su masculinidad y feminidad visto en el misterio mismo de la creación, es no sólo fuente de fecundidad y de procreación, como en todo el orden natural, sino que incluye desde el ‘ principio’ el atributo ‘esponsalicio’, es decir, la capacidad de expresar el amor: ese amor precisamente en el que el hombre- persona se convierte en don y - mediante este don - realiza el sentido mismo de su ser y existir ‘.
Toda forma de amor tiene siempre esta connotación masculino – femenina”.
Completando las ideas explica, “La sexualidad humana es un Bien: parte del don que Dios vio que ‘era muy bueno’ cuando creó la persona humana a su imagen y semejanza, y ‘hombre y mujer los creó’ (Gn 1, 27). En cuanto modalidad de relacionarse y abrirse a los otros, la sexualidad tiene como fin intrínseco el amor, más precisamente el amor como donación y acogida, como dar y recibir. La relación entre un hombre y una mujer es esencialmente una relación de amor (ps.8-9)” y “ ‘El amor abarca también el cuerpo humano y el cuerpo se hace participe del amor espiritual’ .
A la luz de la Revelación cristiana se lee el significado interpersonal de la misma sexualidad: ‘ La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico y espiritual con su huella consiguiente en todas sus manifestaciones. Esta diversidad, unida a la complementariedad de los dos sexos, responde cumplidamente al diseño de Dios según la vocación a la cual cada uno ha sido llamado ‘ “ (pg.10).
Finalmente en el Capítulo VI :
“Los pasos en el conocimiento”, al referirse a la educación, consigna: “La conciencia del significado positivo de la sexualidad, en orden a la armonía y al desarrollo de la persona, como también en relación con la vocación de la persona en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, representa siempre el horizonte educativo que hay que proponer en las etapas del desarrollo de la adolescencia.
No se debe olvidar que el desorden en el uso del sexo tiende a destruir progresivamente la capacidad de amar de la persona, haciendo del placer - en vez del don sincero de sí - el fin de la sexualidad, y reduciendo a las otras personas a objetos para la propia satisfacción: tal desorden debilita tanto el sentido del verdadero amor entre hombre y mujer - siempre abierto a la vida - como la misma familia, y lleva sucesivamente al desprecio de la vida humana concebida que se considera como un mal que amenaza el placer personal.
‘ La banalización de la sexualidad’, en efecto, ‘es uno de los factores principales que están en la raíz del desprecio por la vida naciente: sólo un amor verdadero sabe custodiar la vida’ “(g.49). |