Un padre, efectivamente, ve en “el hijo” que nace una prolongación de sí mismo... el tiempo se encargará de hacerle ver que cada ser humano es único e irrepetible y que difícilmente podrá trazar su destino. En cambio, el nacimiento de una niña provoca de inmediato un sentimiento de ternura y el compromiso de protegerla hasta donde sea posible de todo tipo de problema y de dolor... lo que también será imposible. De hecho, los padres, aparte de traer a los niños al mundo, tenemos la tarea de criarlos primero, educarlos después y facilitarles la salida al mundo, en el cual tendrán que moverse como lo que son : personas individuales, muchas veces muy diferentes a los padres que les dieron origen..
P : Mäs tarde la relación padre-hijas es pecular. Ellos no tratan igual a una hija como si tratarían a un hijo .
R : Efectivamente. Las niñas son mucho más apegadas al papá, aun estando la madre presente. Tendría que ver con el hecho de que la madre siempre está corrigiendo y dando pautas para que las hijas sigan el ejemplo de lo que ella entiende por femineidad. El trato de los padres es por lo general más condescendiente, más delicado, más engreidor si se quiere. Sin embargo, las niñas deben saber que existe una cabeza en la familia, que pone límites, que prohibe o permite determinadas conductas y que pondrá sanciones – que deberán estar establecidas previamente – ante hechos considerados infracciones. Forma parte del aprendizaje indispensable para la vida en común.
P : ¿ Cómo, el padre, quien finalmente termina teniendo debilidad por la hija debe criarla ?.
R : Cuando el afecto está presente y la relación es buena, cuando hay límites claros entre lo permitido y lo que no, no debería haber problemas mayores. Las niñas suelen esforzarse por complacer a quien las quiere y se los demuestra. Cuando esta situación no se da, hay que preocuparse en averiguar qué está pasando. De hecho está demostrado que dejar hacer a un niño todo lo que quiere no lo convierte en un ser más feliz. Al contrario. Todos necesitamos límites para tener la tranquilidad que te da saber que estás haciendo lo que se espera de ti...
Los problemas graves de obediencia surgen en las familias autocráticas en las que se exige siempre docilidad instantánea e indiscutida. Muchas veces las órdenes no tienen importancia ni razón; se trata de doblegar al niño. Las órdenes irracionales, dice el famoso médico psiquiatra de niños Leo Kanner, provienen de autoridades irracionales.
P : ¿ Cómo debe criarla ? ¿ Es decir, hay alguna distinción especial de género ? ¿ Tal vez son más condescendientes ?.
R : Las pautas deberían ser las mismas. Uno de los problemas más graves que encontramos en la conducción de los niños es la inconsistencia. Los niños aprenden lo que pueden hacer hoy sobre la base de lo que les permitieron hacer ayer. Lo que está prohibido, debe estarlo siempre. Lo permitido también. No hay en esto diferencias, se trate de niños o niñas.
P : ¿ Por otro lado, cómo se le impone la disciplina a la hija versus al hijo ?
R : Depende de qué entendemos por disciplina. Todos queremos niños disciplinados, con conductas más o menos previsibles, aceptadas socialmente, que van a facilitar el desenvolvimiento de nuestros hijos en los diferentes medios en los que les toque incursionar. En el buen sentido, se trataría de recordar que la adopción de conductas deseables se puede conseguir por dos medios :
a) el coactivo, basado en “prohibir y no dejar hacer” y “castigar” y,
b) el proactivo, basado en la enseñanza, promoción y reconocimiento de las buenas conductas.
Antiguamente, sólo se usó el primero. En la actualidad, guardamos la coacción para inconductas que requieran sanciones más o menos severas pero preferimos y vemos mejores resultados con el segundo enfoque. En última instancia, con una mezcla no proporcional de ambos medios, a favor del proactivo.
En cuanto a los “castigos”, el castigo físico debería estar completamente descartado. Se puede recurrir a suprimir gustos ( salidas, televisión, etc.), privar a la niña de ciertos privilegios que hubiera podido obtener por su buen comportamiento o, sencillamente, cortar la comunicación por un tiempo prudencial hasta que reconozca la falta y pida disculpas. Por supuesto, lo último se reserva para niñas en edad de llevarlo a la práctica.
(1) De una entrevista dada por sexualidadsana a una revista local, 29 Enero 2007.