| Los niños tienen muchas necesidades. Sin embargo, aquellas que consideramos vitales para su normal desarrollo pueden agruparse en cuatro grandes rubros. Seguridad física, que incluye aquello a lo que todo ser humano tiene derecho: vivienda en condiciones higiénico-sanitarias adecuadas, nutrición, acceso a servicios de salud tanto reparativos como de prevención y rehabilitación, protección preferencial ante todo tipo de inclemencias. Seguridad emocional, que implica para el niño saber que es miembro de una familia, que sus padres lo protegen, lo aman y lo aceptan tal como él es, con todas sus posibilidades pero también con todas sus limitaciones. Status familiar y social, que significa ocupar un lugar definido tanto al interior de la familia como en la sociedad por su sola condición de niños. Oportunidad de logros, también llamada necesidad de éxito, que pasa por el acceso universal y equitativo a una educación de calidad que permita identificar el talento individual de cada niño para que pueda cultivarlo, ejercerlo y destacar en ese campo ... ¿Cuántos de nuestros niños tienen cubiertas por lo menos estas necesidades tan esenciales como mínimas? Lamentablemente, es de conocimiento público su precaria situación en lo que atañe a salud integral – nutrición en particular – y los vemos diariamente en las calles, desprotegidos, desempeñando oficios diversos o entregados a conseguir algún dinero por cualquier mecanismo, no siempre tan lícito. ¡Cuán ajenos resultan frente a esto los planteamientos que presentan los foros internacionales que se reúnen para exigir asuntos tan absurdos para la infancia como la discusión de “nuevos derechos”, concretamente, derechos sexuales y más aún, reproductivos! Los cables nos informan de argumentos increíbles tales como la necesidad de proteger al niño de sus propios padres en lo que atañe a educación sexual, distribución y uso de anticonceptivos y ejercicio de su sexualidad. Todo esto dentro de un contexto de alegatos a favor del aborto que debe preocupar mucho a los niños y hacer que más de uno se pregunte por qué ellos resultan ser ahora una consecuencia indeseable de la práctica sexual no protegida. ¿Tan malos son los niños que hay que evitarlos a como de lugar ?. ¿ Resulta vergonzoso provenir de una familia numerosa?. Frases acuñadas en años recientes para promover la campaña antinatalista como “acuérdate de los conejos” y “nosotras somos tromes” referidas a la evitación”inteligente”de un nacimiento más, deben estar causando más de un interrogante en las mentes infantiles... La educación sexual implantada en el último decenio, ha sido más informativa que formativa, con claro sesgo antimaternidad, controvertida no sólo por ser dada a destiempo, violentando los intereses y capacidades propios de cada edad, sino además, por no respetar los valores y creencias de los padres de familia frente a temas que por naturaleza les atañen como los relacionados con la orientación sexual, la anticoncepción, las relaciones sexuales, etc. Introducir en la mente de niños y adolescentes conceptos tan erróneos como que todas las orientaciones sexuales – homosexual, bisexual y héterosexual – son igualmente normales y constituyen “conductas sexuales alternativas”, demuestra falta de respeto y una utilización inadmisible de la educación como vehículo para distorsionar la verdad y facilitar la equivocada perspectiva de género. Repartir anticonceptivos a púberes y adolescentes - muchas veces en desconocimiento de sus padres – y hablar de que se hace por su salud reproductiva, resulta una postura un tanto cínica a la luz de los conocimientos actuales acerca de la larga lista de contraindicaciones y efectos indeseables para la salud que producen estos compuestos hormonales. En el Perú, los menores de 15 años representan algo más del 38% del total poblacional. Es urgente un cambio de políticas de salud y de educación que al orientarse a cubrir sus carencias múltiples nos devuelvan la tranquilidad de saber que esta vez sí estamos dando a la infancia y adolescencia su verdadera identidad y dignidad. |