PARAR LA EPIDEMIA
Bing, Bingham y Millett* dicen que no hay manera de parar la epidemia, sin considerar género, edad u orientación sexual, a menos que haya una fuerte inversión en investigaciones en prevención, ejecución de políticas basadas en evidencias - que es lo moderno en Medicina - y programas comunitarios.
Al comienzo de la epidemia, dicen los autores mencionados, la comunidad gay blanca, consiguió que se hicieran cambios políticos dirigidos a proteger a los infectados, incrementar los recursos diagnósticos, prevención, tratamiento e investigación de todo tipo.
Pero, pese a que la población afro americana tiene las tasas más altas de VIH que cualquier otro sector de la población americana, se ha hecho poco de movilización comunitaria y política.
Bing, Bingham y Millett remarcan que la investigación en prevención del VIH se ha llevado a cabo en afro americanos heterosexuales, que no es exactamente aplicable a los gay y en esto tienen razón. La patología psiquiátrica y la conducta desordenada de los grupos gay son bien conocidas y no es similar a la de los grupos heterosexuales, por lo que merece medidas y programas diferentes de aquellos dirigidos a heterosexuales.
Después de 25 años de desarrollar intervenciones para reducir la infección por VIH, sólo unas pocas de estas parecen efectivas en población afro americana pero ninguna ha sido sometida a investigación empírica entre AAHSH.
Investigaciones en grandes áreas urbanas indican una mucho menor prevalencia de homosexualidad entre varones afro americanos comparada con varones blancos. Además una más alta proporción de aquellos informó de relaciones con mujeres, de allí que se piense que las mujeres afro americanas están más expuestas a la infección con VIH.
También los AAHSH pese a su mayor probabilidad de ser infectados con el VIH tienen menor posibilidad de conocer su situación lo que sería un factor de diseminación del virus.
SIEMPRE DISCRIMINACIÓN
Varios factores explicarían la situación. Como ser la falta de una fuerte organización de los grupos afro americanos afectados, las falencias económicas y de salud de estos grupos, el estigma que soportan, entre los propios gay, y su marginalización en los programas comunitarios.
Como podemos notar todas las explicaciones que se vienen dando para explicar el fenómeno eximen la participación de los afectados y la responsabilidad en el cuidado de su salud.
Los autores refieren algunas hipótesis para explicar la alta prevalencia de VIH en esta población. Millett, citado por el artículo, propone dos hipótesis: este grupo tendría menos posibilidad de conocer su estado respecto al VIH y por eso transmitiría la enfermedad involuntariamente; y, tienen mayor riesgo de contraer enfermedades sexualmente transmitidas, con igual efecto. Como podemos ver, otra vez, se apela a condiciones biológicas y no se trata para nada de las motivaciones o el perfil psicológico de las personas afectadas.
Se especula asimismo que por una serie de factores, incluyendo expectativas, restricciones sociales, prohibiciones religiosas, discriminación y disgusto consigo mismos ( la homofobia, que no podría dejar de aducirse), no comunicarían su condición sexual a amigos y familiares, limitando la oportunidad para recibir tratamiento y apoyo social.
AL FINAL LO MISMO
En suma, este artículo resulta poco útil para solventar programas preventivos en la medida que elude un elemento central de la epidemia: la conducta disregulada de la población homosexual y la prevalencia de problemas de salud mental en la misma.
*Journal of The National Medical Association, 100, 1, 2008
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