Reconociendo estar ante un tema eminentemente técnico y posiblemente de difícil comprensión, la página cumple con ponerlo a disposición de sus usuarios, con la finalidad de estimular el interés por las recientes investigaciones.
ACTUALIDAD DE LA INVESTIGACION
El nos ha informado que la investigación sobre la conducta sexual animal se había enfocado en el pasado sobre conductas básicas y mecanismos fisiológicos, incluyendo los aspectos neuroendocrino, neuroanatómico y molecular. La novedad es que ahora se está dirigiendo también a proporcionar información de carácter pre clínico, consistente en el estudio del efecto de fármacos, nuevos dispositivos y procedimientos quirúrgicos que anteceden los ensayos clínicos y examinar los efectos colaterales de diferentes tratamientos.
Pfaus subraya que junto a los experimentos en animales anestesiados para el estudio de la fisiología sexual, las indagaciones conductuales están permitiendo comprender mejor la fisiología y fisiopatología de la función y disfunción sexuales. Aunque el mismo cita a Barfield, quien dijo que estos estudios deberán ser hechos”propiamente en seres humanos”, habrá que notar que muchas veces estas exploraciones no se pueden llevar a la práctica por razones éticas, insuficiente tecnología y por último ser impracticables.
HALLAZGOS RECIENTES
Así es como, gracias al uso de modelos animales de experimentación, pareciera estarse empezando a dilucidar la naturaleza del deseo sexual, integrando mecanismos que relacionan la estimulación sexual y la recompensa por la misma junto con la consideración de los vínculos sociales y los incentivos de la propia motivación.
El autor citado, en uno de sus últimos trabajos (*), concluye que en la década pasada los estudios clásicos hechos en modelos animales que indagaban por la respuesta sexual humana han sobrepasado el control hormonal de los reflejos de la cópula. En este momento se vienen haciendo complejos análisis de la apetencia sexual, los condicionamientos pavloviano y operante, las preferencias sexuales y la inhibición sexual.
Estos modelos de investigación sugieren que el deseo sexual en los vertebrados es controlado por un sustrato neuroquímico a nivel del hipotálamo y el sistema límbico, que asocia la recompensa sexual a la expresión del deseo, de manera muy semejante a la experimentada en el abuso de drogas, disparada por el “craving”.
Inicialmente el sistema del deseo daría lugar a la activación de opioides endógenos como mediadores principales de la recompensa sexual, actividad que sensibilizará el tono dopaminérgico y noradrenérgico. Condición esta que dirigirá la atención del animal a señales asociadas con la recompensa, respondiendo con excitación y una conducta reveladora de la apetencia sexual que, por su parte, activaría mecanismos de relación - secreción de ocitocina - en respuesta a señales provenientes de la pareja elegida.
En suma, el deseo representaría el epifenómeno consciente del conjunto de estos procesos.
DEL LABORATORIO AL TRATAMIENTO
Pfaus va más allá y, adentrándose en el campo clínico, sugiere que los desórdenes del deseo pueden adoptar una variedad de vías: inhibición o ruptura de estos procesos, saciedad sexual, experimentar una actividad sexual no recompensante, interferencia por estrés o ansiedad o perturbación endógena de los sistemas neurales comprometidos o su sustrato hormonal.
En este orden de cosas se explicaría el uso de agonistas de la melanocortina en la terapia del deseo sexual hipoactivo en la mujer.
Afirma finalmente, que así como tan elusiva ha sido, y sigue siendo agregaríamos, la comprensión conceptual del deseo sexual, las conductas vinculadas al mismo, descubiertas experimentalmente, “no pueden mentir”.
Un tema más en el inexplorado campo del conocimiento de la sexualidad humana.
(*) Sexual and Relationship Therapy, 21, 4, November, 2006
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