Un cursillo sobre relaciones sexuales
¿Es necesario aprender a tener relaciones sexuales?
La respuesta es, sin duda, no. Los seres humanos venimos al mundo se puede decir programados para las relaciones sexuales. Es decir, tenemos la capacidad desde que nacemos para desenvolvernos sexualmente llegado el momento.
En las relaciones sexuales desde el punto de vista psicofísico hay tres elementos : la penetración del pene y la recepción de la vagina; el abrazo de los cuerpos; y la comunicación de la pareja de sus deseos y necesidades. Los tres forman parte del equipamiento, de la capacidad sexual del hombre y la mujer normales. Entonces hay muy poco que aprender. Con el tiempo, como en todo, con la práctica, las cosas podrán salir mejor. Pero también llevar al hastío, si se espera todo de las relaciones físicas por sí mismas.
La clave radica en que la pareja debe antes de relacionarse sexualmente, amarse, respetarse y compartir valores. La unión física no funciona si no ocurre como parte de una relación afectiva y espiritual.
El problema de la adaptación
Es una preocupación de quienes comienzan su vida sexual. Es frecuente la consulta y las dudas acerca de cómo actuar durante el coito. Lo más frecuente es que la pareja sin experiencia se pregunte, cómo hacer para que el pene acierte a encontrar el orificio vaginal o cómo debe actuar durante la relación.
La verdad de las cosas es que los cuerpos del hombre y la mujer se encuentran y la penetración ocurre sin mayor problema. En cuanto a los movimientos durante el coito: el mejor consejo es que el hombre y la mujer muevan la pelvis de adelante para atrás rítmicamente. Lo que es cierto es que el cuerpo se suelta, espontáneamente, de la cintura para abajo conforme avanza la excitación sexual si la persona deja de preocuparse de lo que está haciendo.
Dudas de la gente
Hay varios factores que explican estas dudas. Vivimos un mundo con una tendencia exacerbada a la tecnificación y el sexo no ha sido inmune a la marea tecnológica. La popularidad de las terapias sexuales mecanizadas, ha influído también sobre la gente. Los sexólogos que conciben al hombre como una máquina, contribuyen a las dudas al trasmitir una concepción parcial del ser humano.
Muchos jóvenes aceptan que el sexo no se aprende, pero que por lo menos podría perfeccionarse. Esto sí es verdad. Desde luego que la experiencia puede permitir hacer mejor las cosas. La relación sexual en su función primordial de perpetuar la especie es un acto realmente sencillo. Es el abrazo estrecho de dos personas y el contacto íntimo de dos órganos, el pene y la vagina, que son producto de una adaptación que tiene millones de años. Ni los cuestionarios de cómo hacer el amor, ni estímulos adicionales, por ejemplo películas pornográficas, agregan demasiado a lo que cada uno trae de manera natural.
Personalidades apasionadas
Efectivamente, unos seres humanos son más sexuados que otros. Hay personas más o menos apasionadas, con mayor o menor grado de interés en el sexo. La gente posee diversos niveles de sensualidad, pero también de sensibilidad, sensorialidad y capacidad creativa. Así como hay personas adustas, serias, almidonadas, hay otras alegres, risueñas, juguetonas. Todo eso se refleja en el sexo y le da su matiz.
El hombre o la mujer que cuidan su físico, su arreglo personal, que saben llevar vidas equilibradas y gozan con el humor, o que participan socialmente y tienen actividades y responsabilidades variadas, seguramente llevarán una vida sexual más satisfactoria. |