El placer sexual ha sido abordado, por lo general de manera indirecta, por algunos autores, tales como Mac Lean, Pankseep, Gard y Zurbriggen. Mac Lean, según Panksepp, 2003, propuso que la región subcortical del cerebro de los mamíferos estaba integrada por una variedad de sistemas afectivos que gobernaban la conducta, y para denominarla acuñó el término “epistémico”. Gard, 2005, nos recuerda que mucha investigación psicológica acerca de la experiencia del placer se ha centrado en lo vivido en el momento justo en que ocurren los estímulos específicos placenteros, es decir lo que se llama el placer "consumatorio". Sin embargo no se ha comprendido bien las experiencias placenteras "anticipatorias", que ahora sabemos están supeditadas a un proceso diferente al de las primeras. Estas últimas estarían más relacionadas con la motivación y la conducta orientada a una meta y, las primeras , consumatorias, con la saciedad del deseo.
Otro autor que ha iluminado la experiencia del placer es Zurbriggen, quien piensa que aparte del deseo erótico y de la búsqueda del placer, existen otras motivaciones para comprometerse en la conducta sexual. Afirma que el deseo por las sensaciones físicas placenteras sigue siendo un motivo importante, lo que se comprueba cuando se estudian las fantasías sexuales en ambos sexos.
Volviendo al estudio de Laumann y colaboradores – este es famoso por la más importante encuesta sobre la conducta sexual hecha en una población en 1994 – diremos que aborda un asunto apenas tocado en la sexología médica. Como bien dice él mismo, es fácil encontrar abundante literatura médica sobre la función y disfunción sexuales, pero al mismo tiempo, muy pocos estudios sobre la apreciación subjetiva de lo que sería la” satisfacción y la salud sexual”.
Los autores encuestan a un total de 27,500 personas, entre hombres y mujeres, cuyas edades fluctuaron entre los 40 a 89 años, residentes en 29 países, dos latinoamericanos : México y Brasil. Seleccionaron diversos factores, como la satisfacción en los aspectos emocionales y físicos de la relación, el funcionamiento sexual y la importancia que daban las personas a la sexualidad en la perspectiva de sus vidas.
Mediante el análisis de grupos conformaron tres conglomerados de países que se distinguían por su perfil sexual. El primero, caracterizado por un “régimen sexual de igualdad de género”; el segundo y el tercero por uno “centrado en el varón”. Encontraron en el primer grupo que los encuestados reportaban altos niveles de satisfacción sexual; en el segundo, un nivel medio y en el tercero, uno bajo. Sin embargo, llama la atención, que en todos los grupos de países estudiados los varones informaran de más alto nivel de bienestar sexual subjetivo que las mujeres. Además, en el primer grupo sólo el 49% de los varones y el 32% de las mujeres declararon que el sexo era extremadamente o muy importante en sus vidas; contrastando con el segundo grupo , cuyas cifras eran de 60% y 37% respectivamente.
Los investigadores se sorprenden de que en el primer grupo (régimen centrado en la igualdad de género) el sexo de la persona siempre fuera un factor que inclinaba la balanza del bienestar, a favor del varón. Otra demostración de que la explicación del patriarcado, propia de la ideología feminista, tampoco es aplicable en este caso. Porque se supondría que en un grupo de países caracterizados por la “igualdad de género” no debería esperarse tal diferencia.
Asimismo que en el segundo grupo, el sexo fuera más importante que en el grupo uno, formulando la hipótesis de que esto ocurriría porque en aquel grupo el sexo no sería la única base para la relación. El estudio también encontró que factores tales como una buena salud, alta frecuencia de actividad sexual y tiempo para los prolegómenos, correlacionaban bien con los sentimientos de bienestar sexual.
En resumen, Laumann y colaboradores, concluyen que pese a las variaciones culturales entre los países estudiados había factores predictivos comunes del bienestar sexual, a saber la salud física y mental y las prácticas sexuales. También que el bienestar sexual estaba muy relacionado con el sexo de la persona sin considerar el contexto cultural de sus vidas y la felicidad sexual guardaba relación con la felicidad total tal como era percibida por hombres y mujeres.
(1) Archives of Sexual Behavior, 35, 2, April, 2006