Hay real apremio para conseguir que adquieran lo antes posible hábitos de autocontrol e higiene y el entrenamiento en este sentido comienza en etapas increíblemente tempranas. Las madres suelen informar que desde que el niño era capaz de permanecer sentado empezaron el entrenamiento para conseguir quitarle pañales... “Mi hijito ha vuelto a mojar la cama... Tiene cinco años y está por ingresar al colegio... Siempre fue muy limpio... Le quité los pañales a los ocho meses... ¿Qué le está pasando? Esta queja nos coloca frente a la situación de un niño que después de haber conseguido controlar esfínteres, vesical y rectal, vuelve a las andadas ante una circunstancia que le ocasiona algún tipo de ansiedad, como es la de ingresar al ámbito escolar. El tenor de la carta también nos obliga a algunas precisiones.¿ Qué entendemos por un lactante limpio? ¿Hasta qué punto es normal que un niño de ocho meses de edad reciba entrenamiento y consiga dejar los pañales? ¿Qué hace que un niño de cinco años de edad sea incapaz de controlar su esfinter vesical y se orine? Ante un niño con enuresis - incapacidad para controlar la emisión de orina - hay que partir de dos tipos de situaciones completamente distintas. La primera, establecer claramente si el niño en ningún momento de su vida ha conseguido mantenerse seco e ir a orinar voluntariamente. La segunda, si el niño ha conseguido establecer este control y, por alguna condición a determinar, lo ha perdido. En el primer tipo de situación tendremos como punto de partida la posibilidad de estar frente a un niño con algún tipo de inmadurez del sistema nervioso central o alguna condición física que está ocasionando perturbaciones en el control de sus evacuaciones, debiendo hacer todos los exámenes necesarios para llegar al diagnóstico adecuado que permitirá el tratamiento correcto. En el segundo caso y descartada toda patología orgánica, nos encontramos con este tipo de niño -motivo de la carta- que vuelve a orinarse ante situaciones de stress, miedo o angustia. Al revisar algunas historias de estos niños encontramos datos más o menos comunes que vale la pena resaltar. Generalmente provienen de familias muy rígidas en las cuales se rinde culto al perfeccionismo. Los niños están sujetos a horarios escrupulosamente cumplidos en lo que atañe a comidas, ritmo de vigilia y sueño, baño e higiene en general. Hay real apremio para conseguir que adquieran lo antes posible hábitos de autocontrol e higiene y el entrenamiento en este sentido comienza en etapas increíblemente tempranas. Las madres suelen informar que desde que el niño era capaz de permanecer sentado empezaron el entrenamiento para conseguir quitarle pañales... Muchas de ellas -como la autora de la carta- lograron su objetivo antes que el niño hubiera cumplido el primer año de vida. La gran mayoría vuelven a afrontar el problema ante la primera circunstancia que descompensa afectivamente al niño. Las reacciones ante esta situación son variadas. Primero, se reprende al niño por esta conducta negativa que avergüenza a toda la familia; enseguida se prometen castigos que se cumplen escrupulosamente, sin conseguir revertir la situación; en ocasiones se recurre a remedios caseros y finalmente, cuando los reproches, castigos, amenazas, etc. no han hecho otra cosa que mellar la autoestima del niño, se recurre a la única persona que puede ayudarlo y ayudar a sus padres a comprender qué está pasando con él : el especialista en salud mental infantil. Datos para recordar. La época ideal para la adquisición de hábitos de todo tipo empieza alrededor de los 18 - 24 meses de edad, no antes. Particularmente si hablamos de entrenamiento en control de esfínteres tenemos que recordar que la maduración del sistema nervioso central hace que estas funciones se adquieran con fluidez, sin cuotas de angustia innecesarias, paralelamente a la adquisición de la marcha y al dominio de las extremidades inferiores del niño. En otras palabras, no debemos empezar a obligar al niño a controlar esfínteres antes de que sea capaz de caminar. Aún entonces, hay una serie de reglas casi de sentido común que pueden facilitar la tarea - o hacernos retroceder lo ganado por no tenerlas en cuenta. Por ejemplo, no debe haber presiones ni amenazas para que el niño se mantenga sentado en el W.C. por largos períodos de tiempo. Hay niños que sienten verdadero terror de caer dentro del mismo - sobre todo si han tenido oportunidad de ver correr el agua y desaparecer el contenido del W.C. por efectos de la misma. Otros niños se resisten a sentarse porque el asiento les parece demasiado frío o porque al no tener cómo apoyar los pies están en equilibrio precario y temen caer . Lo ideal es que el niño disponga de un pequeño remedo del W.C. acorde a su tamaño y con la suficiente comodidad para evitar estos riesgos. De no ser esto posible, la madre debería permanecer con él el tiempo necesario que, repetimos, de ninguna manera debería exceder de 10 a 15 minutos. Por supuesto todos conocemos niños que después de un entrenamiento heroico han conseguido quemar etapas y complacer a sus madres controlando esfínteres antes de cumplir el tiempo reglamentario ... nunca sabremos a qué costo. Lo que sí sabemos es que son niños frágiles, sobre exigidos, con poco control emocional, que ante cualquier circunstancia que les cause algún tipo de presión van a repetir una de las situaciones que innecesariamente fue vivida por ellos con un gran componente emocional de angustia... y van a volver a mojarse. |