Desórdenes Sexuales


Desórdenes Sexuales

Un reciente estudio — por Mark Regnerus, profesor asociado de sociología en la Universidad de Texas, en Austin — ha revelado que los hijos adultos de padres homosexuales y madres lesbianas padecen muchos más problemas sociales, económicos y emocionales que los criados en el seno de familias heterosexuales.


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Desde hace por lo menos una década se viene profundiz ando el conocimiento de la respuesta sexual femenina, después de los estudios fundamentales de los años 60 llevados adelante por los americanos Masters y Johnson. El trabajo que aquí comentamos empieza señal ando que las mujeres con problemas del orgasmo no siempre sienten esta condición como una experiencia estresante. Pero, como veremos luego, en esta Segunda Parte, el orgasmo sí les importa a las mujeres y la ausencia de estrés al no experimentarlo se explicaría porque este placer sexual no es algo consistente durante su vida sexual, de tal modo que no sería novedad su ausencia.


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En varios artículos hemos venido exponiendo sobre la cada vez más fuerte controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer. A este respecto constituye un ejemplo el estudio de los fenómenos del deseo y el “arousal sexual”, revisado con sutileza por la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010. Ahora, en esta nota final, veremos la manera como la gente en general, e incluso los especialistas, conciben la experiencia del deseo sexual.


Desórdenes Sexuales

Como hemos venido coment ando, en pleno siglo XXI, la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer está en plena discusión. Sin duda la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010, la ha puesto en el tapete.
 
En su perspectiva, lo qué se entiende por el deseo sexual y cuales pueden ser sus problemas da lugar a diferentes interpretaciones e incluso contradicciones. La confusión se pueden notar cu ando comparamos el fenómeno deseo en el hombre y la mujer. Así, resulta sorprendente si tratamos de comprender qué entendemos cu ando decimos que una mujer tiene bajo deseo sexual o un hombre experimenta más bien un alto deseo.


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Tal como hemos venido diciendo en varias notas previas, avanz ando el siglo XXI se hace cada vez más fuerte la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer. Un buen ejemplo lo constituyen los estudios tanto de los fenómenos del deseo cuanto del “arousal sexual”, puntos que ha revisado con finura la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010.
En este artículo continuamos el análisis de algunas de sus reflexiones, esta vez en relación con la percepción diferenciada de la excitación en varones y mujeres.


Desórdenes Sexuales

En el campo de la sexualidad siguen los misterios de siempre, de siglos diríamos, y los gr andes problemas sin resolver. Por ejemplo, en el área de la normalidad, podemos mencionar el proceso que define la identidad sexual y el rol del orgasmo en la mujer, por mencionar solo dos de los muchos. En la patología médica siguen sin aclararse temas tan urgentes como el tratamiento de la dispareunia ( dolor durante el coito ) o el tratamiento de las parafilias (desviaciones sexuales).
En el marco social y cultural se discute los beneficios de la educación diferenciada (niños separados por sexo) o el fundamento de los cada vez más confusos conceptos del “género” y la “diversidad sexual”.


Desórdenes Sexuales

Avanz ando el siglo XXI se hace cada vez más fuerte la controversia acerca de la verdad de la experiencia erótica de la mujer, constituyendo un ejemplo el estudio de los fenómenos del deseo y el “arousal sexual”. Estos puntos los ha revisado con finura la psicóloga canadiense Peggy Kleinplatz, 2010. En esta nota tratamos de algunos problemas que surgen en torno al deseo y la excitación sexuales . En las disfunciones psicosexuales de la mujer siempre se han considerado los Trastornos del Deseo Sexual y los Trastornos de la Excitación Sexual como cuadros independientes.


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Continu ando con la controversia suscitada acerca de los fenómenos de la experiencia erótica de la mujer en comparación con la del hombre, seguimos examin ando el trabajo de Peggy Kleinplatz, publicado en el año 2010. Empecemos diciendo que si pensamos que el sexo es lo mismo que la “relación sexual” nos estaremos perdiendo la experiencia del erotismo. Los lectores de la página podrían revisar al respecto todo lo que dijimos en artículos anteriores sobre el “great sex”.


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Carufel y Trudel, del Departamento de Psicología de la Universidad de Québec en Montreal han ideado un ingenioso tratamiento para la eyaculación prematura, que puede compararse con las innovaciones de Simans, 1956, y Masters y Johnson, 1970. Describen su terapia a la que llaman “Terapia Funcional Sexológica” (TFS) en el Journal of Sex and Marital Therapy, 20061. Comienzan señal ando que la eyaculación precoz es la más común disfunción sexual en el hombre y, talvez con demasiado optimismo, afirman que los resultados obtenidos con los tratamientos anteriores y los últimos, us ando psicofármacos, han sido “excelentes”. Ofrecen una síntesis de los mismos que a continuación comentamos.


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Sorprende como columnistas de diarios y revistas y conductores de radio y televisión sienten necesidad de alinearse con quienes se supone conforman la “intelligenzia” nacional y avalan los despropósitos del movimiento gay organizado. Teniendo que mostrarse a toda costa liberales y modernos van a contrapelo de lo que saben bien siente y piensa la gente de todos los estratos sociales y profesionales cu ando tiene que ser testigo de las irreverencias e irritantes exigencias de estos grupos.
Desmarcándose por primera vez de esa tendencia desprovista de fundamento científico y social leemos con satisfacción el texto de Mirko Lauer (ML), “La democracia también es gay” [1], que adscribe a una actitud moderada y más acorde con la realidad del problema . Analicemos algunos puntos de la nota del reconocido periodista:



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